Submarino (2010) – Thomas Vinterberg

Qué me tragué: Submarino (2010) del danés Thomas Vinterberg. Nick y Thomas son dos adultos conflictivos que sobreviven marcados por una infancia traumática marcada por un desgraciado acontecimiento y una madre alcohólica. El fallecimiento de la madre los volverá a reunir en un momento clave de la vida de ambos.

Qué tal digestión hice: oscura. Esta es una de esas películas en la que los protagonistas son súperdesgraciados, sufren muchísimo y a los que nada más que les ocurren dramáticos sucesos. No hay un momento de tregua (bueno, sí, unos momentos de relax entre Thomas y su hijo pequeño aunque te estás preparando porque sabes que algo malísimo está por pasar) y te pasas todo el rato sumergido como espectador en ese ambiente grisáceo y sórdido deseando en realidad que la cosa se acabe. Sí es cierto que, dadas las existencias que llevan, los personajes están bien elaborados y sus acciones son consecuentes y lógicas pero eso no quita que, tras la película, acabes exhausto de tanta pena y sufrimiento. Sólo al final, en lo que parece iniciarse como ruta de expiación, se atisba algo que parece ser, sino feliz, al menos equilibrado. Pero eso el director nos lo ahorra y deja que mejor lo imaginemos, no vaya a ser que metiendo alguna sonrisa o un color cálido, vayamos a pensar que estamos frente a una comedia. No apta para estómagos sensibles ni estados de bajón.

Qué hubiera dicho mi madre: lo raro es que, con lo mal que lo pasan de niños, no sean unos psicópatas y todavía crean en la raza humana. Ahora, cuánta pena, madre mía. Además, no sé dónde están, pero entre lo oscuro que parece todo y el frío que hace, dan unas ganas de quitar la película y ponerse algo más animado para entrar en calor.

Puntuación: 5,5 / 10

Arrugas (2011) – Ignacio Ferreras

Qué me tragué: Arrugas (2011) de Ignacio Ferreras, largometraje de animación que adapta el cómic homónimo de Paco Roca. Emilio es un anciano al que sus familiares, ante los primeros síntomas de Alzheimer, ingresan en un residencia donde comparte habitación con Miguel, un argentino un poco jeta, que se convierte en su cicerone y le presentará a otros compañeros con diversas situaciones vitales. El día a día de los ancianos y sus relaciones serán el eje central de la película mientras la salud de Emilio va deteriorándose poco a poco.

Qué tal digestión hice: intensa. La animación 2D bastante sencilla y plana simplifica una carga dramática que podría convertirse en insufrible. La forma de tratar una historia tremenda como ésta queda desprovista de melodrama pero sí lleva encima una emoción honda que la convierte en intensa y compleja. Sin regodearse en chistes vulgares ni mostrar lo escatológico de la vejez y la enfermedad, queda perfectamente patente que, quien ha escrito la historia, ha estado en contacto directo con las mismas y ha sabido captar los matices y detalles que la hacen desmarcarse de cualquier otro filme lacrimógeno o que trate de enmascarar un final que tiene que ser, por narices, desagradable. La evolución de los personajes es convincente y se provoca la empatía en el respetable, tanto en el que se quiere quedar en el nivel anecdóctico de la película como en el que trasciende un poco más allá y se deja permear por ella. Es breve pero la mencionada intensidad de la temática la convierte en una extensión justa y la música es muy discreta. Quizá es llamativa la canción de los créditos finales, en la voz de una usuaria de una residencia que cuenta con 102 años de edad.

Qué hubiera dicho mi madre: es una lástima que el único lugar al que se abocado un anciano a recluirse para “no molestar” sea una residencia. Ya no se hace tanto como antes lo de cuidar a los abuelos en casa… supongo que los tiempos cambian, pero verlos ahí, conscientes de ser trastos inservibles y esperando solamente a que les llegue el momento… qué penita.

Puntuación: 8 / 10

 

The Descendants (2011) – Alexander Payne

Qué me tragué: Los descendientes (2011) de Alexander Payne. Matt King (George Clooney) es el testaferro de su acaudalada familia y deberá tomar la difícil decisión de vender o no los últimos terrenos vírgenes que poseen en Kauai. Al mismo tiempo, su mujer sufre un accidente naútico que la deja en coma y tendrá que enfrentarse a la infidelidad de ella cuando le comunican que no sobrevivirá.

Qué tal digestión hice: jugosa. Es una película llena de aristas ya que los temas que se tratan no son ni mucho menos amables, pero la naturalidad con la que son sacados a la palestra los convierte en algo menos dramático, aunque no sean fáciles de digerir. La desaparición del amor, la infidelidad, el paso a la madurez, las relaciones con la familia, la vejez, la muerte (natural y sobrevenida), entre otros similares, son algunos de los temas que, de la mano de Matt King, vamos desempaquetando como un montón de pequeños regalitos. Cierto es que Payne le debe mucho a Clooney en la factura final de la película ya que el empaque y esa especie de fragilidad de hombre adulto desvalido los aporta el actor, pero el director también filtra a través de su ojo una historia contada ya en muchas ocasiones pero que, en este caso, no suena manida. Payne aporta un nuevo punto de apoyo en su particular constelación y sigue con la estela que iniciara en A propósito de Smitchd, Election o la celebérrima (aunque no sea para tanto) Entre copas: personajes desorientados, inmersos en procesos de cambio, atrapados en encrucijadas vitales y que, además, deben lidiar con los problemas del día a día. También ha sido un gran acierto elegir Hawai como escenario ya que mostrar la trastienda de ese lugar vacacional contribuye al tono melancólico de la historia sin necesidad de explicaciones adicionales. Si tuviera que llamar la atención sobre algún aspecto que no me haya gustado tanto es el ligero tufillo a Little Miss Sunshine que desprende cuando el protagonista trata de enfrentarse a sus hijas.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿y el tonto de baba ése que va con ellos a todas partes? No se entiende qué hace ahí a toda hora, porque la chica no parece ser muy amiga suya, de hecho a ratos, parece más el canguro de la niña pequeña que otra cosa… Será el sobrino del director y había que meterle a toda costa, ¿no? jajajajajaja.

Puntuación: 7 / 10

 

Albert Nobbs (2011) – Rodrigo García

Qué me tragué: Albert Nobbs (2011)  de Rodrigo García. Albert Nobbs es, a primera vista, un intachable camarero en un hotel de Dublín cuya vida discreta no levanta ninguna sospecha. Sin embargo, Nobbs es una mujer que se ve obligada a disfrazarse para poder trabajar y ahorrar el dinero suficiente para poner un negocio propio. Mantenerse camuflada continuamente hará que empiece a confundir algunos de sus sentimientos.

Qué tal digestión hice: telefilmesca. Una vez más, nos encontramos frente a un producto en el que únicamente se trata de poner de relevancia la magistral interpretación de la actriz principal (en este caso, de Glenn Close, cosa con la que personalmente ni siquiera estoy de acuerdo) y, al parecer, se les olvidó de que además había que dotar a la película de un argumento. Más allá del hecho anecdóctico de una mujer travistiéndose en el Dublín del S. XIX, no hay una historia que mantenga el interés durante más de media hora. Así que no hay nada que haga que el espectador no fantasee con la idea de huir de la sala a toda prisa. La verdadera lástima de todo este asunto es que, por más vueltas que le doy, no consigo rescatar ningún aspecto positivo por el que merezca la pena ver esta película.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿de verdad quieren hacernos creer que nadie se da cuenta de que son mujeres? Porque con el camarero, vaya que vaya, pero ¿el pintor? Las voces parecen una chiste y no se lo cree nadie. En fin, este año las películas para los óscars no me están gustando nada, eh.

Puntuación: 3,5 / 10

J. Edgar (2011) – Clint Eastwood

Qué me tragué: J. Edgar (2011) de Clint Eastwood. Biopic sobre J. Edgar Hoover, al frente del FBI desde los 29 años y hasta el momento de su muerte, que vio pasar numerosos presidentes por la Casa Blanca y que atesoró una gran cantidad de informes secretos sobre altas personalidades que fueron destruidos con su desaparición.

Qué tal digestión hice: nada del otro jueves. A ver, en estas fechas es inevitable vernos invadidos por un sinfín de películas “de personajes”, con historias muy serias y circunspectas, en las que no se atisba una sonrisa o acaso una gracia. Aquí, Leonardo DiCaprio se hace mayor y se pone en la piel de un personaje relativamente desconocido por estos más allá del nombre. Sin saber mucho de la historia de Hoover, sabemos que DiCaprio se hace cargo de una interpretación de galardón, aportando drama, intensidad, conflicto y contradicción. La lástima es que el personaje principal está sobreexplotado y el resto, infravalorados. Judy Dench casi pasaba por allí, Naomi Watts se queda entre las sombras de la indefinición y Josh Lucas, que podría haber asumido el reto de ser su réplica adecuada, queda como un muñeco sin personalidad hasta los últimos quince minutos de un metraje que se hace insufrible de largo. Bien documentada, seguramente, perfectamente ambientada y con unos diálogos perfectamente orquestados. Eso se lo vamos a reconocer al Eastwood. La homosexualidad de Hoover queda como el esbozo de una historia que podría haber resultado algo más fructífera y más entretenida. Supongo que a veces la realidad es mucho más tediosa que la ficción.

Qué hubiera dicho mi madre: menudo tostón. A mí el Leonardo este me gustaba cuando era jovencito y guapetón; haciendo aquí de viejales reprimido y con esta historia que nos pilla tan lejos, la verdad es que no me engancha. Igual si estuviéramos allí en Estados Unidos, lo del FBI nos interesaría más, no?

Puntuación: 5 / 10

 

Sesión (2009) – Daniel Diosdado

Qué me tragué: Sesión (2009) de Daniel Diosdado. Arturo y Eva son dos psicólogos, con sus propios problemas, que se enfrentan a un interrogatorio policial después de que una de sus sesiones de grupo acabe con el suicidio de una de las pacientes y con otro de los pacientes apalizado por el resto.
Porqué: porque estaba incluida dentro del programa de Nuevos Realizadores y porque la sinopsis me parecía que trataba un tema interesante.
Qué tal digestión hice: nefasta. He de reconocer que en todas las ocasiones en que he visto una película que trata el tema de las sesiones psicológicas individuales y de grupo, el sentimiento fundamental que me ha invadido ha sido el de engaño (In treatment, El grupo, etc). En este caso, no ha sido muy diferente. La fotografía, por empezar por algún sitio, aparece deliberadamente quemada y no se entiende muy bien, porque no sólo no aporta nada sino que confunde al espectador. Los diálogos mantenidos durante la sesión de grupo aparecen muy forzados para que puedan desembocar en el giro final, que pretende ser sorpresivo y se queda en cutre. Esto es, sobre todo, porque el interrogatorio policial, que vertebra la historia, es una pantomima y los protagonistas parecen ir sacándose las líneas de la manga a medida que avanzan. Al ver los créditos, se entiende un poco más lo que ha podido ocurrir. Al parecer, todos los actores colaboraron en la escritura del guión y eso se ha resuelto con un batiburrillo en el que todos tratan de tener un momento de gloria, aún a costa de que no se entienda o no encaje con el resto. No se perfilan los personajes (en la mayoría de los casos no se sabe porqué están en terapia, o si se sabe – como en el caso de la yonqui embarazada – es obvio que es demasiado extremo para estar con el resto de los pacientes), no se ponen de relevancia los conflictos (más que en detalles sacados de quicio que resultan ser el quid de la cuestión) y la conclusión se plantea con un oportuno e-mail (cuántas veces hemos visto ya la inopinada confesión del malvado de turno!) que pretende cerrar apresuradamente todas las historias sin hacerlo con ninguna en realidad. Una pérdida de tiempo.
Qué hubiera dicho mi madre: hombre, mira, es la primera película del chico y lo hace casi todo él, así que me da un poco de lástima ser mala. Pero la verdad es que la historia no está muy bien hecha, ni siquiera siendo generosa.
Puntuación: 3 / 10

 

The girl with the dragon tattoo (2011) – David Fincher

Qué me tragué: Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011) de David Fincher. Mikael Blomkvist es un periodista que atraviesa una mala racha tras tratar de destapar una trama mafiosa que le explota en la cara. Recibe la propuesta de alejarse de todo para investigar la desaparición de una chica hace más de cuarenta años. Dicha investigación le unirá a Lisbeth Salander, una hacker peculiar con la que se involucrará en una peligrosa trama. Basada en la famosa trilogía de novelas de Stieg Larsson, ésta es la versión estadounidense (sólo dos años después de la puesta en escena sueca) aunque también se localice en tierras bálticas.
Porqué: gracias a que la firme Fincher y a que la banda sonora esté a cargo del fundamental Trent Reznor y Atticus.
Qué tal digestión hice: gustosa. En primer lugar, debo aclarar que soy un raro espécimen: no he leído ni una línea de la novela en que se basa esta película, ni tuve la oportunidad de ver la homóloga sueca. Así que acudí totalmente libre de prejuicios a la sala a presenciar una película de Fincher, sin trastienda, sin bagaje y con total predisposición a disfrutarla además. Desde el primer minuto, este filme está preparado para epatar ya que los mismísimos títulos de crédito (un espectacular videoclip que no viene a cuento pero se agradece) son un festejo. La trama es interesante, nada que no hayamos visto antes en otros thrillers pero sí lo suficiente como para que las dos horas y media largas que dura el metraje no se conviertan en una tortura. De Daniel Craig no se puede destacar nada porque supongo que darle un papel protagonista ya se sabe dónde va a terminar (su colección de miradas acero azul y mohínes con morrito no tiene fin) pero Rooney Mara, desconocida hasta este momento (pero ya nunca más de ahora en adelante) y con un trabajo brutal de caracterización, es posiblemente lo más llamativo (en todos los sentidos) de la película. La estética se mantiene fría y aséptica gracias a una fotografía de influencia nórdica, en la línea ya iniciada con las películas suecas, y el ambiente se industrializa gracias a la música que aporta Reznor.
Qué hubiera dicho mi madre: me niego. Me gustaron tanto los libros que cualquier película que se haga sobre ellos me va a decepcionar. Eso sí, la Salander está bastante lograda aunque no me la imaginaba así… en fin, los riesgos de adaptar libros que han sido tan leídos.
Puntuación: 6,5 / 10

Katmandú, un espejo en el cielo (2011) – Icíar Bollaín

Qué me tragué: Katmandú, un espejo en el cielo (2011) de la directora española Icíar Bollaín. Laia (interpretada por Verónica Echégui, quien ha sido nominada al Goya por este trabajo) es una profesora española que se traslada a Nepal para dar clase en una escuela allí. Pronto se dará cuenta de que los niños de las castas más pobres no tienen acceso a la educación y decide abrir su propia escuela, con la ayuda de Sharmila, una joven maestra nativa que debe lidiar con las costumbres y tradiciones de su propia cultura. Se enfrentará también a diversos problemas burocráticos que la llevarán a casarse por conveniencia.

Porqué: gracias a la distribuidora.

Qué tal digestión hice: indignante. He debido reposar mi opinión al respecto de esta película porque no quería llevar a engaño a quien la pudiera leer. Sin embargo, tras darle muchas vueltas, sigo sintiéndome estafada por la historia. Basada libremente en el libro autobiográfico de Victoria Subirana, la directora y su marido (el inefable Laverty que también está tras los lacrimógenos dramas sociales de Ken Loach) urden un guión constelado de lugares comunes, tópicos y recursos demagógicos disfrazados de ideales que irritan al espectador que tiene la capacidad de razonar. Le entregan a la Echegui un papel de esos que las actrices adoran porque están cargados de tensión dramática y lágrimas pero que no tiene profundidad, credibilidad o la más mínima empatía cultural. Para empezar, uno se pregunta porqué la profesora que se desplaza a Katmandú a enseñar, no se toma la molestia no ya de aprender el idioma (cosa que sería de agradecer pero que supongo que no es obligatorio y sí muy trabajoso, claro), sino de comprender (y respetar!) las tradiciones locales en vez de ridiculizarlas y demonizarlas porque no comulgan con el espíritu occidental del que no se desprende en todos los años que pasa en Nepal.  Para continuar, la historia tiene agujeros que cuesta pasar por alto: ¿quién es y por qué desaparece el hombre que vive con la protagonista al comienzo de la historia? ¿por qué Tsering se convierte en un fantasma sin diálogo para salir atropelladamente del filme minutos antes del final?. Para terminar,  se espera alguna conclusión, cosa que, ya les adelanto, no sucede. Eso le  deja a uno con una sensación de no finalización terriblemente incómoda. Me pregunto porqué, después de haber colado sin pudor numerosos juicios éticos y morales durante todo el metraje, dejan la historia así, un tanto huérfana, como si, de buenas a primeras, se hubieran aburrido y hubieran preferido no seguir.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, ésta es otra de tantas. Estas feministas de salón se piensan que hay que irse muy lejos a buscar su lugar en el mundo rodeada de niños que no hablan tu idioma con la excusa de enseñarles… pero, vamos, digo yo que no hace falta mudarse a Katmandú para encontrar gente con necesidades. Y menos en los tiempos que corren.

Puntuación: 4 / 10

 

Contracorriente (2009) – Javier Fuentes-León

Qué me tragué: Contracorriente (2009) de Javier Fuente-León. Esta co-producción entre Perú- Colombia-Alemania-Francia, nominada como mejor película extranjera a los Goya del año pasado, nos presenta a Miguel, un pescador de un pequeño pueblo, que es muy querido por su comunidad. Además, para colmo de la placidez, va a tener un hijo con su mujer, Mariela. De cara a la galería, todo parece feliz pero el tormentoso romance homosexual que Miguel mantiene con un pintor forastero, Santiago, muy criticado en los corrillos, vendrá a tambalear su bienestar hasta los cimientos.

Porqué: gracias a la programación televisiva de los canales de pago, ya que no es habitual dar con productos hispanoamericano pese a que existen muy buenas producciones.

Qué tal digestión hice: emocionante. Este drama costumbrista de amores ocultos, sexualidad reprimida y ambientes cerrados refleja con elegancia, sobriedad y haciendo uso de los detalles justos el vaivén de sentimientos del protagonista y acerca sus contradicciones, escindido entre hacer lo que debe y lo que quiere. Dotada además de la medida exacta de realismo mágico (tan arraigado en la tradición latinoamericana), es una película sencilla y honda que horada las emociones del espectador lentamente, al ritmo de las olas que tanta presencia e importancia tienen en la pantalla. Encuentro ciertas similitudes con aquella española Son de mar (Luna, 2001, basada en la novela homónima de Manuel Vicent) en el protagonismo mágico del mar, el amor más allá de las barreras de la muerte o el ambiente familiar del pueblo que rodea a los personajes y que todo lo observa, también incluso en las relaciones voluptuosas con las mujeres y la maternidad como instrumento sensual y de crecimiento personal. Sin artefactos, sin adornos y sin artificios, es una película sin dobleces, de hondura emocional y problemas básicos pero muy importantes. Agradable a los sentidos, hace alarde de una evolución muy consecuente con el destino trágico de sus protagonistas pese a que deje todas las posibles conclusiones finales en el aire, a gusto del consumidor, sin mojarse ni decantarse.

Qué hubiera dicho mi madre: es que se ve venir que alguno va a acabar mal, tanto andar escondiendo las cosas que son pues no tiene buen fin. Está muy bien hecha, no tengo peros, pero mira, me aburrí un poco.

Puntuación: 7 / 10

 

Confessions (2010) – Tesuya Nakashima

Qué me tragué: Confessions (2010) de Tetsuya Nakashima. Una profesora de instituto explica a sus alumnos que deja de enseñar. Antes de eso, les dice que dos alumnos de esa clase son los culpables de la muerte de su hija tiempo atrás. Entonces les detalla su venganza con frialdad.

Porqué: porque la trama era sugerente y novedosa.

Qué tal digestión hice: interesante. La película tiene momentos muy hermosos ya que la fotografía, el montaje o la luz, están cuidados al extremo. El problema es que utiliza algunos recursos hasta la náusea: la cámara lenta, la música, las nubes. Salvando esto, la historia es muy retorcida. Eso la convierte en una película arriesgada (¡bien!) y al tiempo hace que haya muchos detalles incoherentes (¡mal!). Pretende ser una venganza como la de A bittersweet life (Kim Ji-woon, 2005) pero no alcanza el empaque de aquella pues hay mucho adolescente de por medio y uno se cansa al poco ante las explicaciones de cada uno (la historia se desmenuza en bloques que son las “confesiones” de cada uno al respecto). La música, genial, pero peca de un tono adolescente ñoño que empalaga más el asunto (Boris, Radiohead). Si mezclásemos el manga 5 centímetros por segundo (Shinkai, 2007) con Suicide club (Sono, 2002) uno puede hacerse una idea del resultado. Por último decir que en Japón, este año, ha ganado casi todo.

Qué hubiera dicho mi madre: no sé ni qué decirte. Qué retorcida la profesora y qué jodidos los críos. No son creíbles. Parecen todos mongólicos. Ahora, que igual lo son… ¿A ti te parece normal que los pinte como psicópatas?

Puntuación: 5,5 / 10