Snow White and the Huntsman (2012) – Rupert Sanders

Qué me tragué: Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) del primerizo Rupert Sanders. Versión del archiconocido cuento en el que una enloquecida (y bellísima) madrastra (Charlize Theron) envía a un cazador (Chris Hemsworth) a, valga la redundancia, dar caza a una huida Blancanieves (Christen Stewart), huérfana, que pretende recuperar el trono e instaurar la paz y bonanzas perdidas en su reino. También se encontrará con los enanitos, que son ocho en este caso, y todos ellos se unirán a la heroína en su cruzada.

Qué tal digestión hice: trepidante pero muy ligera. Pese a que los 127 minutos se hacen un poco largos, densos y están absolutamente cuajados de escenas de acción, la cosa se hace un poco aburrida y repetitiva en la última media hora. Los efectos especiales son muy elegantes y no están nada sacados de quicio, lo cual se agradece porque era muy fácil traspasar esa barrera. Sin embargo, se traspasan otras, como la simpleza interpretativa de la Stewart, que me parecen mucho más sangrantes. Hemsworth está algo mejor de lo que vimos en Thor (aunque tampoco sea para tirar cohetes) pero es, sin duda, Charlize Theron la que brilla con luz propia y hace de la película algo valioso aquí. Estás deseando que salga en escena para aportar algo de sangre y brío y su brillo magnético te hipnotiza mientras está en pantalla. El rollo Juana de Arco que se trae la protagonista al final de la película para retomar su castillo parece un tanto fuera de lugar, poco justificado. Eso sí, muy bonita de ver, entretenida como vuelta de tuerca oscura al cuento de siempre pero no constituye ninguna joya que deba ser recordada en los anales de la cinematografía.

Qué hubiera dicho mi madre:Me ha encantado! Justo lo que me gusta: acción, nada de romance, que no te den tregua… El cuento ya me lo sé pero a veces te gusta que te den lo que estés esperando para variar y no tantas de esas cosas para pensar, para llorar y para reflexionar sobre la vida que me haces tragarme a veces.

Puntuación: 6 / 10

 

Les femmes du 6ème étage (2010) – Philipe Le Guay

Qué me tragué: Las chicas de la 6ª planta (2010) del director francés Philipe Le Guay. María (Natalia Verbeke) llega a la alegre comunidad de la 6ª planta, avalada por su tía (Carmen Maura), para ponerse a servir en la acomodada familia parisina que acaba de despedir a su criada. Contada en clave de comedia aunque viven en condiciones precarias, narra el día a día de estas mujeres venidas de provincias desde España en busca de una manera de buscarse la vida.

Qué tal digestión hice: normalona, sin sorpresas. La verdad es que el asunto está tratado con una liviandad que llega a rozar lo ingenuo en muchos momentos. Las mujeres viven en unas condiciones deplorables pero, sin embargo, se alimenta el tópico español de vino, paella y cante coplero durante toda la película con total descaro y sin tratar de enmascararlo un poco. Podrían haber hecho uso incluso de la diferencia lingüística para tratar de hacer un humor algo más fino y menos simplón pero hasta ese recurso parece pasarle desapercibido al director o al guionista que se centra en el bienpensantismo de los señoritos como si realmente fueran los que atraviesan un conflicto durante el film. Además, el franquismo apenas se roza como anécdota en la piel de María Dueñas que hace de una comunista de panfleto que da más lástima que otra cosa. El premio de Carmen Maura como actriz secundaria, pues… no lo veo para tanto, pero para gustos, los colores. En fin, queda como un producto ligero, fácil de ver, fácil de digerir y que no presenta ninguna arista. Una cosa cómoda que ir a ver en una tarde tonta.

Qué hubiera dicho mi madre: A mí me pone nerviosa que todas se lo pasen tan bien pese a que tienen una situación que realmente no es nada buena. Tanto topicazo junto me saca de quicio porque estoy segura de que a las criaditas no las trataban así…

Puntuación: 5 / 10

 

Dalla vita in poi (2010) – Gianfrancesco Lazotti

Qué me tragué: la película italiana De cintura para arriba (2010 aunque ha llegado este año a nuestras pantallas) del director Gianfrancesco Lazotti. Cuando a su novio Danilo lo meten en la cárcel, Rosalba se compromete a escribirle una carta al día hasta que quede en libertad pero lo cierto es que es poco ducha en esas lides por lo que pide ayuda para dicha tarea a su mejor amiga. Katia (Cristiana Capotondi, muy hermosa ella) lo hará gustosa pero pronto cambiarán las tornas, Rosalba se cansa de esperar a su amado y encuentra un nuevo amor y Katia se enamorará del preso a través de lo que manifiesta en sus cartas aunque cree que la silla de ruedas y la enfermedad degenerativa que la confina a ella supondrán un problema entre ellos.

Qué tal digestión hice: de siesta. Tiene tan pocas pretensiones que hasta el que la ve se da cuenta de que no pretende llegar a ninguna parte trascendental y la película se queda en un telefilme bien grabado donde resulta muy difícil empatizar con los personajes, ni siquiera con Katia y su situación física que degenera ya que no se profundiza mínimamente en rasgo alguno de su personalidad, y la historia se queda muy corta para llenar por sí sola todo el metraje. Creo que es precisamente esa ausencia de tramas paralelas interesantes (la cena de Katia con el funcionario lejos de ser graciosa, resulta patética; los encuentros entre Katia y Danilo parecen forzados y no son nada románticos, como se supone que va a ser por la cantidad ingente de misivas que se dedican el uno a la otra y viceversa) una de sus principales lacras y la lastra hasta el final, la que hace que, al final, algo liviano y sabido como una historia de amor de epistolar carcelario quede pesado y se haga largo pese a sus 85 minutos escasos. Ni siquiera puedo decir más porque no da para ello, una lástima.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, esta es una de esas pelis que te dan igual del todo. Si estás tontina, igual hasta te llega a gustar un poco (porque los actores son guapos, eh) pero en condiciones normales y sin lobotomía, es un peñazo a la italiana.

Puntuación: 3 / 10

 

The Descendants (2011) – Alexander Payne

Qué me tragué: Los descendientes (2011) de Alexander Payne. Matt King (George Clooney) es el testaferro de su acaudalada familia y deberá tomar la difícil decisión de vender o no los últimos terrenos vírgenes que poseen en Kauai. Al mismo tiempo, su mujer sufre un accidente naútico que la deja en coma y tendrá que enfrentarse a la infidelidad de ella cuando le comunican que no sobrevivirá.

Qué tal digestión hice: jugosa. Es una película llena de aristas ya que los temas que se tratan no son ni mucho menos amables, pero la naturalidad con la que son sacados a la palestra los convierte en algo menos dramático, aunque no sean fáciles de digerir. La desaparición del amor, la infidelidad, el paso a la madurez, las relaciones con la familia, la vejez, la muerte (natural y sobrevenida), entre otros similares, son algunos de los temas que, de la mano de Matt King, vamos desempaquetando como un montón de pequeños regalitos. Cierto es que Payne le debe mucho a Clooney en la factura final de la película ya que el empaque y esa especie de fragilidad de hombre adulto desvalido los aporta el actor, pero el director también filtra a través de su ojo una historia contada ya en muchas ocasiones pero que, en este caso, no suena manida. Payne aporta un nuevo punto de apoyo en su particular constelación y sigue con la estela que iniciara en A propósito de Smitchd, Election o la celebérrima (aunque no sea para tanto) Entre copas: personajes desorientados, inmersos en procesos de cambio, atrapados en encrucijadas vitales y que, además, deben lidiar con los problemas del día a día. También ha sido un gran acierto elegir Hawai como escenario ya que mostrar la trastienda de ese lugar vacacional contribuye al tono melancólico de la historia sin necesidad de explicaciones adicionales. Si tuviera que llamar la atención sobre algún aspecto que no me haya gustado tanto es el ligero tufillo a Little Miss Sunshine que desprende cuando el protagonista trata de enfrentarse a sus hijas.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿y el tonto de baba ése que va con ellos a todas partes? No se entiende qué hace ahí a toda hora, porque la chica no parece ser muy amiga suya, de hecho a ratos, parece más el canguro de la niña pequeña que otra cosa… Será el sobrino del director y había que meterle a toda costa, ¿no? jajajajajaja.

Puntuación: 7 / 10

 

Albert Nobbs (2011) – Rodrigo García

Qué me tragué: Albert Nobbs (2011)  de Rodrigo García. Albert Nobbs es, a primera vista, un intachable camarero en un hotel de Dublín cuya vida discreta no levanta ninguna sospecha. Sin embargo, Nobbs es una mujer que se ve obligada a disfrazarse para poder trabajar y ahorrar el dinero suficiente para poner un negocio propio. Mantenerse camuflada continuamente hará que empiece a confundir algunos de sus sentimientos.

Qué tal digestión hice: telefilmesca. Una vez más, nos encontramos frente a un producto en el que únicamente se trata de poner de relevancia la magistral interpretación de la actriz principal (en este caso, de Glenn Close, cosa con la que personalmente ni siquiera estoy de acuerdo) y, al parecer, se les olvidó de que además había que dotar a la película de un argumento. Más allá del hecho anecdóctico de una mujer travistiéndose en el Dublín del S. XIX, no hay una historia que mantenga el interés durante más de media hora. Así que no hay nada que haga que el espectador no fantasee con la idea de huir de la sala a toda prisa. La verdadera lástima de todo este asunto es que, por más vueltas que le doy, no consigo rescatar ningún aspecto positivo por el que merezca la pena ver esta película.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿de verdad quieren hacernos creer que nadie se da cuenta de que son mujeres? Porque con el camarero, vaya que vaya, pero ¿el pintor? Las voces parecen una chiste y no se lo cree nadie. En fin, este año las películas para los óscars no me están gustando nada, eh.

Puntuación: 3,5 / 10

Katmandú, un espejo en el cielo (2011) – Icíar Bollaín

Qué me tragué: Katmandú, un espejo en el cielo (2011) de la directora española Icíar Bollaín. Laia (interpretada por Verónica Echégui, quien ha sido nominada al Goya por este trabajo) es una profesora española que se traslada a Nepal para dar clase en una escuela allí. Pronto se dará cuenta de que los niños de las castas más pobres no tienen acceso a la educación y decide abrir su propia escuela, con la ayuda de Sharmila, una joven maestra nativa que debe lidiar con las costumbres y tradiciones de su propia cultura. Se enfrentará también a diversos problemas burocráticos que la llevarán a casarse por conveniencia.

Porqué: gracias a la distribuidora.

Qué tal digestión hice: indignante. He debido reposar mi opinión al respecto de esta película porque no quería llevar a engaño a quien la pudiera leer. Sin embargo, tras darle muchas vueltas, sigo sintiéndome estafada por la historia. Basada libremente en el libro autobiográfico de Victoria Subirana, la directora y su marido (el inefable Laverty que también está tras los lacrimógenos dramas sociales de Ken Loach) urden un guión constelado de lugares comunes, tópicos y recursos demagógicos disfrazados de ideales que irritan al espectador que tiene la capacidad de razonar. Le entregan a la Echegui un papel de esos que las actrices adoran porque están cargados de tensión dramática y lágrimas pero que no tiene profundidad, credibilidad o la más mínima empatía cultural. Para empezar, uno se pregunta porqué la profesora que se desplaza a Katmandú a enseñar, no se toma la molestia no ya de aprender el idioma (cosa que sería de agradecer pero que supongo que no es obligatorio y sí muy trabajoso, claro), sino de comprender (y respetar!) las tradiciones locales en vez de ridiculizarlas y demonizarlas porque no comulgan con el espíritu occidental del que no se desprende en todos los años que pasa en Nepal.  Para continuar, la historia tiene agujeros que cuesta pasar por alto: ¿quién es y por qué desaparece el hombre que vive con la protagonista al comienzo de la historia? ¿por qué Tsering se convierte en un fantasma sin diálogo para salir atropelladamente del filme minutos antes del final?. Para terminar,  se espera alguna conclusión, cosa que, ya les adelanto, no sucede. Eso le  deja a uno con una sensación de no finalización terriblemente incómoda. Me pregunto porqué, después de haber colado sin pudor numerosos juicios éticos y morales durante todo el metraje, dejan la historia así, un tanto huérfana, como si, de buenas a primeras, se hubieran aburrido y hubieran preferido no seguir.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, ésta es otra de tantas. Estas feministas de salón se piensan que hay que irse muy lejos a buscar su lugar en el mundo rodeada de niños que no hablan tu idioma con la excusa de enseñarles… pero, vamos, digo yo que no hace falta mudarse a Katmandú para encontrar gente con necesidades. Y menos en los tiempos que corren.

Puntuación: 4 / 10

 

Contracorriente (2009) – Javier Fuentes-León

Qué me tragué: Contracorriente (2009) de Javier Fuente-León. Esta co-producción entre Perú- Colombia-Alemania-Francia, nominada como mejor película extranjera a los Goya del año pasado, nos presenta a Miguel, un pescador de un pequeño pueblo, que es muy querido por su comunidad. Además, para colmo de la placidez, va a tener un hijo con su mujer, Mariela. De cara a la galería, todo parece feliz pero el tormentoso romance homosexual que Miguel mantiene con un pintor forastero, Santiago, muy criticado en los corrillos, vendrá a tambalear su bienestar hasta los cimientos.

Porqué: gracias a la programación televisiva de los canales de pago, ya que no es habitual dar con productos hispanoamericano pese a que existen muy buenas producciones.

Qué tal digestión hice: emocionante. Este drama costumbrista de amores ocultos, sexualidad reprimida y ambientes cerrados refleja con elegancia, sobriedad y haciendo uso de los detalles justos el vaivén de sentimientos del protagonista y acerca sus contradicciones, escindido entre hacer lo que debe y lo que quiere. Dotada además de la medida exacta de realismo mágico (tan arraigado en la tradición latinoamericana), es una película sencilla y honda que horada las emociones del espectador lentamente, al ritmo de las olas que tanta presencia e importancia tienen en la pantalla. Encuentro ciertas similitudes con aquella española Son de mar (Luna, 2001, basada en la novela homónima de Manuel Vicent) en el protagonismo mágico del mar, el amor más allá de las barreras de la muerte o el ambiente familiar del pueblo que rodea a los personajes y que todo lo observa, también incluso en las relaciones voluptuosas con las mujeres y la maternidad como instrumento sensual y de crecimiento personal. Sin artefactos, sin adornos y sin artificios, es una película sin dobleces, de hondura emocional y problemas básicos pero muy importantes. Agradable a los sentidos, hace alarde de una evolución muy consecuente con el destino trágico de sus protagonistas pese a que deje todas las posibles conclusiones finales en el aire, a gusto del consumidor, sin mojarse ni decantarse.

Qué hubiera dicho mi madre: es que se ve venir que alguno va a acabar mal, tanto andar escondiendo las cosas que son pues no tiene buen fin. Está muy bien hecha, no tengo peros, pero mira, me aburrí un poco.

Puntuación: 7 / 10

 

Letyat zhuravli (The Cranes are Flying) (1957) – Mikhail Kalatozov

Qué me he tragado: Cuando pasan las cigüeñas (1957) de Mikhail Kalatozov. Historia de una pareja, Boris y Verónica, que antes de comenzar a serlo ve cómo la guerra se interpone en sus planes. La película se centra en el drama de la muchacha y su convivencia con la familia de él.

Porqué: porque tenía que ver  más de Kalatozov y la compré por Amazon de oferta ya que era difícil de localizar por otras vías.

Qué tal digestión hice: holística (por decir algo diferente). Cuando Kalatozov comenzó con sus filmes propagandísticos se podía atisbar a un director de régimen, provinciano (Georgia), en medio de un caos de deportaciones masivas. Estamos hablando de 1930 y de su obra Sal para Svanetia, un filme análogo a lo que ya hiciera Buñuel en las Hurdes 3 años después, y muy recomendable (buscar en Youtube). De ahí, poco a poco, surgiría un creador metido en política y con una ambivalencia moral digna de película: ser parte del estalinismo y llegar a estar por encima de él. En los 50 adquiere estatus de estrella y ya dentro de Mosfilm rodaría esta obra maestra seña de identidad soviética de un nuevo modo de hacer cine. Junto a su cámara, Urusevski, comienza a trabajar el formalismo visual y de eso salen planos grandiosos y travellings imposibles. Y ello, unido al hecho de afrontar la historia de la guerra centrándose en el drama personal y no en el propaganda fide de la dictadura, convierten a esta, en principio, reaccionaria cinta, en un artefacto de muchas caras. Todo se perfila pero nada se dibuja: desde la elipsis del protagonista que desaparece al irse a la guerra, la obcecación y maldad del hermano, la muerte de las esperanzas de la chica, hasta la adaptación y la culpa implícita. Quizá en todo ello juegue un papel fundamental la muchacha (Tatyana Samojlova), que lo borda con una interpretación indescriptible. Con todo, Kalatozov ganaría Cannes al año siguiente y sería encumbrado para los restos, pudiendo ya entonces tener el poder necesario para la gestión de esa monstruosa obra maestra llamada Soy Cuba, un par de años después.

Qué hubiera dicho mi madre: me quedo sin palabras. Vaya final. Me gustó, sí… Lo único, si tengo que ponerle un pero es que a veces es muy, no sé, artificial, muy teatral. No sé si es por cómo enfoca a veces la cámara o por las caras y las reacciones de los actores. Pero vamos, que es preciosa de ver.

Puntuación: 9 / 10

 

I love you, Phillip Morris (2009) – Glen Ficarra & John Requa

Qué me tragué: Phillip Morris, ¡ te quiero! (2009) de los directores Glen Ficarra y John Requa. Steve (Jime Carrey) es un padre de familia convencional que, tras un accidente de tráfico, decide salir del armario y reconducir su vida. Para costearse sus numerosos gastos, perpetrará una serie de fraudes que le llevan a la cárcel. Allí se enamorará de su compañero de celda, Phillip (Ewan McGregor) pero se verán separados por circunstancias. Steve entonces comenzará una serie de alocadas fugas para reunirse con su pareja.

Porqué: por inercia y por vaguería ya que no cambié de canal pese a lo fácil que me hubiera resultado.

Qué tal digestión hice: floja. Es una comedia irreverente y sin tabúes sobre algunos de los temas más sensibles en la moderna sociedad americana: el amor gay, la promiscuidad, la vida en la cárcel, la mentira que sostiene el modelo de familia medioburguesa, el fraude, las apariencias y la importancia de la opulencia económica, pero no lleva a ser contestataria en ninguno de estos aspectos. Histriónico Carrey, nada que no hayamos visto ya en otras comedias con algunas burradas y muchos intentos frustados de provocar la carcajada. Fotografía deslumbrante, muy Miami o Florida, a juego con el supuesto espíritu festivalero que se le atribuye a la comunidad homosexual. La película orbita en torno a la idea de la imposibilidad de cambiar a alguien, ni siquiera por amor, y de la resolución de este mismo amor hacia el otro a pesar de sus defectos. Es poco profunda y algo hueca, flojea a medida los gagas comienzan a repetirse sin solución de continuidad y sin añadir originalidad alguna. La historia se agota muy pronto y Carrey, pese a que intenta denodadamente levantarla, ya nos ha enseñado antes todos sus dientes y muestrario de muecas grotescas.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿estás viendo eso? Pues vaya, a mí el Carrey ése me pone muy nerviosa y no me gustan las películas que hace… Yo me voy a la cocina y ya me avisas cuando termine.

Puntuación: 5,5 /10

 

The artist (2011) – Michael Hazanavicius

Qué me tragué: The artist (2011) de Michel Hazanavicius. Auge y caída de una estrella de cine mudo, George Valentin, que ve como la transición al sonoro le aboca al olvido sino se adapta a la evolución de la tecnología.

Porqué: porque es uno de los estrenos más esperados de este año que casi toca ya a su fin y porque la historia es muy sugerente.

Qué tal digestión hice: enorme y muy emotiva. Es una película muda hecha en el año 2011. Qué se puede esperar de esta idea… Pues una vuelta de tuerca a un género que quedó abandonado. Ocurre que la cinta tiene todas las piezas del género: transiciones, música de acompañamiento, montaje, caricaturizaciones o grotesque en muchas escenas para hacerlas comprensibles sin necesidad de recurrir a los diálogos, estereotipos… Pero, lamentablemente, no es una obra de Lang o de Murnau. Lo que aquí se añade es el juego, la travesura: por el metacine que se muestra y por el que no. A veces es explícito cómo el personaje (un actor trasunto de Rodolfo Valentino) se mueve en su ámbito, hace películas, las estrena, se enamora, etc. Otras veces es el recurso lo que propicia el juego: un sueño del protagonista donde se sueña incapaz de hablar (pese a que nunca habla) pero donde el mundo “suena” (en una escena hermosa el protagonista aprecia por primera vez cómo las cosas hacen ruido a su alrededor, desde el vaso que se posa en la encimera al perro que ladra). O la redención mediante el baile, un tropo clásico en el cine mudo musical aquí recuperado. Así con ello el director, el desconocido hacedor de la saga de espías OSS 117, demuestra que sabe aplicar conceptos actuales al cine años 20 con elegancia y entone. Es obvio hablando de esta película citar como referencia El crepúsculo de los dioses (Wilder, 1950) pero la diferencia es que aquí se pretende mostrar todo el proceso y hacerlo sin retrospectiva, es decir, con la vivencia del protagonista, el espectador siente la experiencia del cine mudo y los años 20, restando también la acritud de la obra de Wilder. Por eso es brillante el guión, por la simpleza que transmite la historia y la complejidad estructural que subyace (y no basta quedarse con la argucia de lo “meta”). Pienso en si existe alguna película de la época que reflexione sobre el proceso cinematográfico y no tengo referencias hasta los 60 con los franceses y Fellini.

Los actores están soberbios. Dos desconocidos: él, Valentin, interpretado por Jean Dujardin –ganador del galardón de Cannes este año a Mejor actor; y ella, Berenice Bejo, con espectaculares sonrisas, frescura y alegres contoneos. Es digna de resaltar también la figura del perro amigo del protagonista. Vale que meter animales sea un cliché y facilite muchas transiciones ayudándose del gag, pero aquí el perro adquiere un rol casi humano al presentarlo como una especie de ángel guardián que lo salva en repetidas ocasiones: de sí mismo, de morir quemado.

Es, en resumen, una obra grandiosa. De lo mejor que he visto este año, tanto por sí misma como en comparación al resto de películas en cartel que han logrado premios y menciones.

Qué hubiera dicho mi madre: es la película más tierna que me has puesto en mucho tiempo. Me ha gustado mucho. Es algo tontorrona y un poco rara, porque mira que hacer una peli muda ahora, que todo el mundo está liado con el 3D y cosas así de modernas… Pero bien, muy bonita y muy alegre, todo un respiro.

Puntuación: 9 / 10