Dalla vita in poi (2010) – Gianfrancesco Lazotti

Qué me tragué: la película italiana De cintura para arriba (2010 aunque ha llegado este año a nuestras pantallas) del director Gianfrancesco Lazotti. Cuando a su novio Danilo lo meten en la cárcel, Rosalba se compromete a escribirle una carta al día hasta que quede en libertad pero lo cierto es que es poco ducha en esas lides por lo que pide ayuda para dicha tarea a su mejor amiga. Katia (Cristiana Capotondi, muy hermosa ella) lo hará gustosa pero pronto cambiarán las tornas, Rosalba se cansa de esperar a su amado y encuentra un nuevo amor y Katia se enamorará del preso a través de lo que manifiesta en sus cartas aunque cree que la silla de ruedas y la enfermedad degenerativa que la confina a ella supondrán un problema entre ellos.

Qué tal digestión hice: de siesta. Tiene tan pocas pretensiones que hasta el que la ve se da cuenta de que no pretende llegar a ninguna parte trascendental y la película se queda en un telefilme bien grabado donde resulta muy difícil empatizar con los personajes, ni siquiera con Katia y su situación física que degenera ya que no se profundiza mínimamente en rasgo alguno de su personalidad, y la historia se queda muy corta para llenar por sí sola todo el metraje. Creo que es precisamente esa ausencia de tramas paralelas interesantes (la cena de Katia con el funcionario lejos de ser graciosa, resulta patética; los encuentros entre Katia y Danilo parecen forzados y no son nada románticos, como se supone que va a ser por la cantidad ingente de misivas que se dedican el uno a la otra y viceversa) una de sus principales lacras y la lastra hasta el final, la que hace que, al final, algo liviano y sabido como una historia de amor de epistolar carcelario quede pesado y se haga largo pese a sus 85 minutos escasos. Ni siquiera puedo decir más porque no da para ello, una lástima.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, esta es una de esas pelis que te dan igual del todo. Si estás tontina, igual hasta te llega a gustar un poco (porque los actores son guapos, eh) pero en condiciones normales y sin lobotomía, es un peñazo a la italiana.

Puntuación: 3 / 10

 

Take shelter (2011) – Jeff Nichols

Qué me tragué: Take shelter (2011) del director Jeff Nichols. El título, sin traducción en la cartelera española, viene a significar algo así como refugiarse durante un tornado o buscar refugio, muy al pelo para el argumento. Ha cosechado premios en un sinfín de festivales (Gijón, Cannes, Sundance, FIPRESCI, etc) lo que avala de inicio la calidad del producto no sólo frente al público sino también frente a crítica. Curtis tiene una vida tranquila que algunos de sus compañeros envidian, pese a que su hija Anna recientemente ha perdido la audición y la pequeña familia, integrada además por Samantha, la madre (Chastain), está todavía tratando de acostumbrarse. De repente, él empieza a tener extraños sueños apocalípticos sobre una gran tormenta que lo devastará todo. Curtis entonces querrá a toda costa construir un refugio aunque será incomprendido por todos a su alrededor en el reducido pueblo de marcada tendencia religiosa en el que viven.

Qué tal digestión hice: desasosegante pero magnífica. Era claramente la intención del director crear zozobra en el espectador ya que todo contribuye a hacernos partícipes de la ansiedad y el malestar crecientes que se generan en y en torno al protagonista a medida que avanza la historia. Los personajes y sus atribuladas existencias se plasman a la perfección con la estética que les acompaña, como si sacáramos un molde de escayola de sus vidas, y las expectativas que continuamente recaen sobre Curtis de quien todos esperan una reacción que nunca es la que tiene. En este sentido, el actor Michael Shannon hace un papel fenomenal. Chastain intenta estar a la altura pero lo cierto es que tiene pocos momentos para su lucimiento; eso sí, los aprovecha bien. La historia avanza despacio, descubriendo sus numerosas capas y matices, y se hace un poco larga y pesada pero es necesario para construirse con solidez. No es recomendable para estados anímicos carenciales ya que hace reflexionar en un sentido muy lúgubre. Pero es, a todas luces, una gran obra.

Qué hubiera dicho mi madre: pues a mí me parece que al tío se le ha ido la cabeza del todo porque hace las cosas sin pensar en las consecuencias ni en su familia que le necesita. Nada más que piensa en el bendito refugio, qué cruz de hombre, ¿para tanto será la tormenta?

Puntuación: 9 / 10

Hugo (2011) – Martin Scorsese

Qué me tragué: La invención de Hugo (2011), película de animación dirigida por Martin Scorsese. Hugo, tras quedarse huérfano, se traslada a vivir a la estación de trenes con su tío quien se encarga del mantenimiento de los relojes, donde ha de esconderse del malvador inspector de la estación. Hugo, cuyo padre también era relojero y ha aprendido el oficio, se verá impelido por las circunstancias a buscarse la vida hasta que un día topa con el dueño de una tienda de juguetes y las conexiones entre su padre, este misterioso anciano y él se convertirán en una aventura que vivirá junto a la muchacha que han acogido el juguetero y su mujer.

Qué tal digestión hice: amable. Es digna de loores y alabanzas la maestría técnica y la superlativa muestra de tecnología punta que se derrocha en esta película 3D a caballo entre la animación y la película convencional (como ya se hiciera, por ejemplo, con la última Alicia dirigida por Tim Burton). La historia, que se basa en un libro juvenil de título homónimo, es políticamente correcta, tiene las adecuadas cargas dramáticas para mantener la tensión y se resuelve felizmente como es de esperar desde el primer minuto. Sin embargo, lo que más me emocionó de la película es el homenaje que constituye a los comienzos del cine, a los verdaderos precusores casi científicos de lo que suponía un trabajo de chinos si hablamos de innovación: recupera fotogramas de cientos de películas perdidas de Mèlies, aquellas cuyos negativos se coloreaban a mano, fotograma a fotograma, para dotar de viveza; trae al presente aquella primera película de los Lumiére, el tren entrando en la estación, y es capaz de recrear la emoción que suscitó tamaña recreación en una sala cerrada; muestra decorados, atrezzos y vestuarios que debían confeccionarse a mano laboriosamente para conseguir el efecto deseado (exotismo, credibilidad histórica, ciencia-ficción, etc). Los actores adolescentes no son especialmente llamativos (Chloé Moretz no es santo de mi devoción y al otro no le he visto en ninguna otro filme) pero Kingsley firma un buen trabajo y Baron Cohen, fuera de su habitual disfraz y haciendo de malvado de cuento, nos regala todo un muestrario de muecas y gestos que le pueden colocar como un nuevo Carrey con más registros. Puede que no sea una película de las que uno esperaría encontrarse en la filmografía de alguien como Scorsese que ha estado detrás de obras como Casino, Historias de Nueva York, El cabo del miedo o Uno de los nuestros, pero Hugo está a la altura de unas circunstancias concretas y las supera con creces.

Qué hubiera dicho mi madre: pues está muy bonita. Parece una película de esas que estrenan en Navidad pero fuera de temporada. Ya cuando el nene se queda huérfano y se tiene que ir con su tío el borracho, sabes que le van a pasar muchas perrerías pero que la cosa saldrá bien. A ver, no me ha sorprendido mucho pero es muy linda y está muy bien hecha, se nota que esto de los ordenadores está mejorando mucho la calidad de la imagen porque se ve como muy nítida, ¿no? Y mira, me hace gracia el supervisor de la estación, cualquiera diría que es el papanatas que me sacaba de quicio en Borat.

Puntuación: 7,5 / 10

Submarino (2010) – Thomas Vinterberg

Qué me tragué: Submarino (2010) del danés Thomas Vinterberg. Nick y Thomas son dos adultos conflictivos que sobreviven marcados por una infancia traumática marcada por un desgraciado acontecimiento y una madre alcohólica. El fallecimiento de la madre los volverá a reunir en un momento clave de la vida de ambos.

Qué tal digestión hice: oscura. Esta es una de esas películas en la que los protagonistas son súperdesgraciados, sufren muchísimo y a los que nada más que les ocurren dramáticos sucesos. No hay un momento de tregua (bueno, sí, unos momentos de relax entre Thomas y su hijo pequeño aunque te estás preparando porque sabes que algo malísimo está por pasar) y te pasas todo el rato sumergido como espectador en ese ambiente grisáceo y sórdido deseando en realidad que la cosa se acabe. Sí es cierto que, dadas las existencias que llevan, los personajes están bien elaborados y sus acciones son consecuentes y lógicas pero eso no quita que, tras la película, acabes exhausto de tanta pena y sufrimiento. Sólo al final, en lo que parece iniciarse como ruta de expiación, se atisba algo que parece ser, sino feliz, al menos equilibrado. Pero eso el director nos lo ahorra y deja que mejor lo imaginemos, no vaya a ser que metiendo alguna sonrisa o un color cálido, vayamos a pensar que estamos frente a una comedia. No apta para estómagos sensibles ni estados de bajón.

Qué hubiera dicho mi madre: lo raro es que, con lo mal que lo pasan de niños, no sean unos psicópatas y todavía crean en la raza humana. Ahora, cuánta pena, madre mía. Además, no sé dónde están, pero entre lo oscuro que parece todo y el frío que hace, dan unas ganas de quitar la película y ponerse algo más animado para entrar en calor.

Puntuación: 5,5 / 10

Arrugas (2011) – Ignacio Ferreras

Qué me tragué: Arrugas (2011) de Ignacio Ferreras, largometraje de animación que adapta el cómic homónimo de Paco Roca. Emilio es un anciano al que sus familiares, ante los primeros síntomas de Alzheimer, ingresan en un residencia donde comparte habitación con Miguel, un argentino un poco jeta, que se convierte en su cicerone y le presentará a otros compañeros con diversas situaciones vitales. El día a día de los ancianos y sus relaciones serán el eje central de la película mientras la salud de Emilio va deteriorándose poco a poco.

Qué tal digestión hice: intensa. La animación 2D bastante sencilla y plana simplifica una carga dramática que podría convertirse en insufrible. La forma de tratar una historia tremenda como ésta queda desprovista de melodrama pero sí lleva encima una emoción honda que la convierte en intensa y compleja. Sin regodearse en chistes vulgares ni mostrar lo escatológico de la vejez y la enfermedad, queda perfectamente patente que, quien ha escrito la historia, ha estado en contacto directo con las mismas y ha sabido captar los matices y detalles que la hacen desmarcarse de cualquier otro filme lacrimógeno o que trate de enmascarar un final que tiene que ser, por narices, desagradable. La evolución de los personajes es convincente y se provoca la empatía en el respetable, tanto en el que se quiere quedar en el nivel anecdóctico de la película como en el que trasciende un poco más allá y se deja permear por ella. Es breve pero la mencionada intensidad de la temática la convierte en una extensión justa y la música es muy discreta. Quizá es llamativa la canción de los créditos finales, en la voz de una usuaria de una residencia que cuenta con 102 años de edad.

Qué hubiera dicho mi madre: es una lástima que el único lugar al que se abocado un anciano a recluirse para “no molestar” sea una residencia. Ya no se hace tanto como antes lo de cuidar a los abuelos en casa… supongo que los tiempos cambian, pero verlos ahí, conscientes de ser trastos inservibles y esperando solamente a que les llegue el momento… qué penita.

Puntuación: 8 / 10

 

The Descendants (2011) – Alexander Payne

Qué me tragué: Los descendientes (2011) de Alexander Payne. Matt King (George Clooney) es el testaferro de su acaudalada familia y deberá tomar la difícil decisión de vender o no los últimos terrenos vírgenes que poseen en Kauai. Al mismo tiempo, su mujer sufre un accidente naútico que la deja en coma y tendrá que enfrentarse a la infidelidad de ella cuando le comunican que no sobrevivirá.

Qué tal digestión hice: jugosa. Es una película llena de aristas ya que los temas que se tratan no son ni mucho menos amables, pero la naturalidad con la que son sacados a la palestra los convierte en algo menos dramático, aunque no sean fáciles de digerir. La desaparición del amor, la infidelidad, el paso a la madurez, las relaciones con la familia, la vejez, la muerte (natural y sobrevenida), entre otros similares, son algunos de los temas que, de la mano de Matt King, vamos desempaquetando como un montón de pequeños regalitos. Cierto es que Payne le debe mucho a Clooney en la factura final de la película ya que el empaque y esa especie de fragilidad de hombre adulto desvalido los aporta el actor, pero el director también filtra a través de su ojo una historia contada ya en muchas ocasiones pero que, en este caso, no suena manida. Payne aporta un nuevo punto de apoyo en su particular constelación y sigue con la estela que iniciara en A propósito de Smitchd, Election o la celebérrima (aunque no sea para tanto) Entre copas: personajes desorientados, inmersos en procesos de cambio, atrapados en encrucijadas vitales y que, además, deben lidiar con los problemas del día a día. También ha sido un gran acierto elegir Hawai como escenario ya que mostrar la trastienda de ese lugar vacacional contribuye al tono melancólico de la historia sin necesidad de explicaciones adicionales. Si tuviera que llamar la atención sobre algún aspecto que no me haya gustado tanto es el ligero tufillo a Little Miss Sunshine que desprende cuando el protagonista trata de enfrentarse a sus hijas.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿y el tonto de baba ése que va con ellos a todas partes? No se entiende qué hace ahí a toda hora, porque la chica no parece ser muy amiga suya, de hecho a ratos, parece más el canguro de la niña pequeña que otra cosa… Será el sobrino del director y había que meterle a toda costa, ¿no? jajajajajaja.

Puntuación: 7 / 10

 

Albert Nobbs (2011) – Rodrigo García

Qué me tragué: Albert Nobbs (2011)  de Rodrigo García. Albert Nobbs es, a primera vista, un intachable camarero en un hotel de Dublín cuya vida discreta no levanta ninguna sospecha. Sin embargo, Nobbs es una mujer que se ve obligada a disfrazarse para poder trabajar y ahorrar el dinero suficiente para poner un negocio propio. Mantenerse camuflada continuamente hará que empiece a confundir algunos de sus sentimientos.

Qué tal digestión hice: telefilmesca. Una vez más, nos encontramos frente a un producto en el que únicamente se trata de poner de relevancia la magistral interpretación de la actriz principal (en este caso, de Glenn Close, cosa con la que personalmente ni siquiera estoy de acuerdo) y, al parecer, se les olvidó de que además había que dotar a la película de un argumento. Más allá del hecho anecdóctico de una mujer travistiéndose en el Dublín del S. XIX, no hay una historia que mantenga el interés durante más de media hora. Así que no hay nada que haga que el espectador no fantasee con la idea de huir de la sala a toda prisa. La verdadera lástima de todo este asunto es que, por más vueltas que le doy, no consigo rescatar ningún aspecto positivo por el que merezca la pena ver esta película.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿de verdad quieren hacernos creer que nadie se da cuenta de que son mujeres? Porque con el camarero, vaya que vaya, pero ¿el pintor? Las voces parecen una chiste y no se lo cree nadie. En fin, este año las películas para los óscars no me están gustando nada, eh.

Puntuación: 3,5 / 10

Sesión (2009) – Daniel Diosdado

Qué me tragué: Sesión (2009) de Daniel Diosdado. Arturo y Eva son dos psicólogos, con sus propios problemas, que se enfrentan a un interrogatorio policial después de que una de sus sesiones de grupo acabe con el suicidio de una de las pacientes y con otro de los pacientes apalizado por el resto.
Porqué: porque estaba incluida dentro del programa de Nuevos Realizadores y porque la sinopsis me parecía que trataba un tema interesante.
Qué tal digestión hice: nefasta. He de reconocer que en todas las ocasiones en que he visto una película que trata el tema de las sesiones psicológicas individuales y de grupo, el sentimiento fundamental que me ha invadido ha sido el de engaño (In treatment, El grupo, etc). En este caso, no ha sido muy diferente. La fotografía, por empezar por algún sitio, aparece deliberadamente quemada y no se entiende muy bien, porque no sólo no aporta nada sino que confunde al espectador. Los diálogos mantenidos durante la sesión de grupo aparecen muy forzados para que puedan desembocar en el giro final, que pretende ser sorpresivo y se queda en cutre. Esto es, sobre todo, porque el interrogatorio policial, que vertebra la historia, es una pantomima y los protagonistas parecen ir sacándose las líneas de la manga a medida que avanzan. Al ver los créditos, se entiende un poco más lo que ha podido ocurrir. Al parecer, todos los actores colaboraron en la escritura del guión y eso se ha resuelto con un batiburrillo en el que todos tratan de tener un momento de gloria, aún a costa de que no se entienda o no encaje con el resto. No se perfilan los personajes (en la mayoría de los casos no se sabe porqué están en terapia, o si se sabe – como en el caso de la yonqui embarazada – es obvio que es demasiado extremo para estar con el resto de los pacientes), no se ponen de relevancia los conflictos (más que en detalles sacados de quicio que resultan ser el quid de la cuestión) y la conclusión se plantea con un oportuno e-mail (cuántas veces hemos visto ya la inopinada confesión del malvado de turno!) que pretende cerrar apresuradamente todas las historias sin hacerlo con ninguna en realidad. Una pérdida de tiempo.
Qué hubiera dicho mi madre: hombre, mira, es la primera película del chico y lo hace casi todo él, así que me da un poco de lástima ser mala. Pero la verdad es que la historia no está muy bien hecha, ni siquiera siendo generosa.
Puntuación: 3 / 10

 

Katmandú, un espejo en el cielo (2011) – Icíar Bollaín

Qué me tragué: Katmandú, un espejo en el cielo (2011) de la directora española Icíar Bollaín. Laia (interpretada por Verónica Echégui, quien ha sido nominada al Goya por este trabajo) es una profesora española que se traslada a Nepal para dar clase en una escuela allí. Pronto se dará cuenta de que los niños de las castas más pobres no tienen acceso a la educación y decide abrir su propia escuela, con la ayuda de Sharmila, una joven maestra nativa que debe lidiar con las costumbres y tradiciones de su propia cultura. Se enfrentará también a diversos problemas burocráticos que la llevarán a casarse por conveniencia.

Porqué: gracias a la distribuidora.

Qué tal digestión hice: indignante. He debido reposar mi opinión al respecto de esta película porque no quería llevar a engaño a quien la pudiera leer. Sin embargo, tras darle muchas vueltas, sigo sintiéndome estafada por la historia. Basada libremente en el libro autobiográfico de Victoria Subirana, la directora y su marido (el inefable Laverty que también está tras los lacrimógenos dramas sociales de Ken Loach) urden un guión constelado de lugares comunes, tópicos y recursos demagógicos disfrazados de ideales que irritan al espectador que tiene la capacidad de razonar. Le entregan a la Echegui un papel de esos que las actrices adoran porque están cargados de tensión dramática y lágrimas pero que no tiene profundidad, credibilidad o la más mínima empatía cultural. Para empezar, uno se pregunta porqué la profesora que se desplaza a Katmandú a enseñar, no se toma la molestia no ya de aprender el idioma (cosa que sería de agradecer pero que supongo que no es obligatorio y sí muy trabajoso, claro), sino de comprender (y respetar!) las tradiciones locales en vez de ridiculizarlas y demonizarlas porque no comulgan con el espíritu occidental del que no se desprende en todos los años que pasa en Nepal.  Para continuar, la historia tiene agujeros que cuesta pasar por alto: ¿quién es y por qué desaparece el hombre que vive con la protagonista al comienzo de la historia? ¿por qué Tsering se convierte en un fantasma sin diálogo para salir atropelladamente del filme minutos antes del final?. Para terminar,  se espera alguna conclusión, cosa que, ya les adelanto, no sucede. Eso le  deja a uno con una sensación de no finalización terriblemente incómoda. Me pregunto porqué, después de haber colado sin pudor numerosos juicios éticos y morales durante todo el metraje, dejan la historia así, un tanto huérfana, como si, de buenas a primeras, se hubieran aburrido y hubieran preferido no seguir.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, ésta es otra de tantas. Estas feministas de salón se piensan que hay que irse muy lejos a buscar su lugar en el mundo rodeada de niños que no hablan tu idioma con la excusa de enseñarles… pero, vamos, digo yo que no hace falta mudarse a Katmandú para encontrar gente con necesidades. Y menos en los tiempos que corren.

Puntuación: 4 / 10

 

Contracorriente (2009) – Javier Fuentes-León

Qué me tragué: Contracorriente (2009) de Javier Fuente-León. Esta co-producción entre Perú- Colombia-Alemania-Francia, nominada como mejor película extranjera a los Goya del año pasado, nos presenta a Miguel, un pescador de un pequeño pueblo, que es muy querido por su comunidad. Además, para colmo de la placidez, va a tener un hijo con su mujer, Mariela. De cara a la galería, todo parece feliz pero el tormentoso romance homosexual que Miguel mantiene con un pintor forastero, Santiago, muy criticado en los corrillos, vendrá a tambalear su bienestar hasta los cimientos.

Porqué: gracias a la programación televisiva de los canales de pago, ya que no es habitual dar con productos hispanoamericano pese a que existen muy buenas producciones.

Qué tal digestión hice: emocionante. Este drama costumbrista de amores ocultos, sexualidad reprimida y ambientes cerrados refleja con elegancia, sobriedad y haciendo uso de los detalles justos el vaivén de sentimientos del protagonista y acerca sus contradicciones, escindido entre hacer lo que debe y lo que quiere. Dotada además de la medida exacta de realismo mágico (tan arraigado en la tradición latinoamericana), es una película sencilla y honda que horada las emociones del espectador lentamente, al ritmo de las olas que tanta presencia e importancia tienen en la pantalla. Encuentro ciertas similitudes con aquella española Son de mar (Luna, 2001, basada en la novela homónima de Manuel Vicent) en el protagonismo mágico del mar, el amor más allá de las barreras de la muerte o el ambiente familiar del pueblo que rodea a los personajes y que todo lo observa, también incluso en las relaciones voluptuosas con las mujeres y la maternidad como instrumento sensual y de crecimiento personal. Sin artefactos, sin adornos y sin artificios, es una película sin dobleces, de hondura emocional y problemas básicos pero muy importantes. Agradable a los sentidos, hace alarde de una evolución muy consecuente con el destino trágico de sus protagonistas pese a que deje todas las posibles conclusiones finales en el aire, a gusto del consumidor, sin mojarse ni decantarse.

Qué hubiera dicho mi madre: es que se ve venir que alguno va a acabar mal, tanto andar escondiendo las cosas que son pues no tiene buen fin. Está muy bien hecha, no tengo peros, pero mira, me aburrí un poco.

Puntuación: 7 / 10