Snow White and the Huntsman (2012) – Rupert Sanders

Qué me tragué: Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) del primerizo Rupert Sanders. Versión del archiconocido cuento en el que una enloquecida (y bellísima) madrastra (Charlize Theron) envía a un cazador (Chris Hemsworth) a, valga la redundancia, dar caza a una huida Blancanieves (Christen Stewart), huérfana, que pretende recuperar el trono e instaurar la paz y bonanzas perdidas en su reino. También se encontrará con los enanitos, que son ocho en este caso, y todos ellos se unirán a la heroína en su cruzada.

Qué tal digestión hice: trepidante pero muy ligera. Pese a que los 127 minutos se hacen un poco largos, densos y están absolutamente cuajados de escenas de acción, la cosa se hace un poco aburrida y repetitiva en la última media hora. Los efectos especiales son muy elegantes y no están nada sacados de quicio, lo cual se agradece porque era muy fácil traspasar esa barrera. Sin embargo, se traspasan otras, como la simpleza interpretativa de la Stewart, que me parecen mucho más sangrantes. Hemsworth está algo mejor de lo que vimos en Thor (aunque tampoco sea para tirar cohetes) pero es, sin duda, Charlize Theron la que brilla con luz propia y hace de la película algo valioso aquí. Estás deseando que salga en escena para aportar algo de sangre y brío y su brillo magnético te hipnotiza mientras está en pantalla. El rollo Juana de Arco que se trae la protagonista al final de la película para retomar su castillo parece un tanto fuera de lugar, poco justificado. Eso sí, muy bonita de ver, entretenida como vuelta de tuerca oscura al cuento de siempre pero no constituye ninguna joya que deba ser recordada en los anales de la cinematografía.

Qué hubiera dicho mi madre:Me ha encantado! Justo lo que me gusta: acción, nada de romance, que no te den tregua… El cuento ya me lo sé pero a veces te gusta que te den lo que estés esperando para variar y no tantas de esas cosas para pensar, para llorar y para reflexionar sobre la vida que me haces tragarme a veces.

Puntuación: 6 / 10

 

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J. Edgar (2011) – Clint Eastwood

Qué me tragué: J. Edgar (2011) de Clint Eastwood. Biopic sobre J. Edgar Hoover, al frente del FBI desde los 29 años y hasta el momento de su muerte, que vio pasar numerosos presidentes por la Casa Blanca y que atesoró una gran cantidad de informes secretos sobre altas personalidades que fueron destruidos con su desaparición.

Qué tal digestión hice: nada del otro jueves. A ver, en estas fechas es inevitable vernos invadidos por un sinfín de películas “de personajes”, con historias muy serias y circunspectas, en las que no se atisba una sonrisa o acaso una gracia. Aquí, Leonardo DiCaprio se hace mayor y se pone en la piel de un personaje relativamente desconocido por estos más allá del nombre. Sin saber mucho de la historia de Hoover, sabemos que DiCaprio se hace cargo de una interpretación de galardón, aportando drama, intensidad, conflicto y contradicción. La lástima es que el personaje principal está sobreexplotado y el resto, infravalorados. Judy Dench casi pasaba por allí, Naomi Watts se queda entre las sombras de la indefinición y Josh Lucas, que podría haber asumido el reto de ser su réplica adecuada, queda como un muñeco sin personalidad hasta los últimos quince minutos de un metraje que se hace insufrible de largo. Bien documentada, seguramente, perfectamente ambientada y con unos diálogos perfectamente orquestados. Eso se lo vamos a reconocer al Eastwood. La homosexualidad de Hoover queda como el esbozo de una historia que podría haber resultado algo más fructífera y más entretenida. Supongo que a veces la realidad es mucho más tediosa que la ficción.

Qué hubiera dicho mi madre: menudo tostón. A mí el Leonardo este me gustaba cuando era jovencito y guapetón; haciendo aquí de viejales reprimido y con esta historia que nos pilla tan lejos, la verdad es que no me engancha. Igual si estuviéramos allí en Estados Unidos, lo del FBI nos interesaría más, no?

Puntuación: 5 / 10

 

The girl with the dragon tattoo (2011) – David Fincher

Qué me tragué: Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011) de David Fincher. Mikael Blomkvist es un periodista que atraviesa una mala racha tras tratar de destapar una trama mafiosa que le explota en la cara. Recibe la propuesta de alejarse de todo para investigar la desaparición de una chica hace más de cuarenta años. Dicha investigación le unirá a Lisbeth Salander, una hacker peculiar con la que se involucrará en una peligrosa trama. Basada en la famosa trilogía de novelas de Stieg Larsson, ésta es la versión estadounidense (sólo dos años después de la puesta en escena sueca) aunque también se localice en tierras bálticas.
Porqué: gracias a que la firme Fincher y a que la banda sonora esté a cargo del fundamental Trent Reznor y Atticus.
Qué tal digestión hice: gustosa. En primer lugar, debo aclarar que soy un raro espécimen: no he leído ni una línea de la novela en que se basa esta película, ni tuve la oportunidad de ver la homóloga sueca. Así que acudí totalmente libre de prejuicios a la sala a presenciar una película de Fincher, sin trastienda, sin bagaje y con total predisposición a disfrutarla además. Desde el primer minuto, este filme está preparado para epatar ya que los mismísimos títulos de crédito (un espectacular videoclip que no viene a cuento pero se agradece) son un festejo. La trama es interesante, nada que no hayamos visto antes en otros thrillers pero sí lo suficiente como para que las dos horas y media largas que dura el metraje no se conviertan en una tortura. De Daniel Craig no se puede destacar nada porque supongo que darle un papel protagonista ya se sabe dónde va a terminar (su colección de miradas acero azul y mohínes con morrito no tiene fin) pero Rooney Mara, desconocida hasta este momento (pero ya nunca más de ahora en adelante) y con un trabajo brutal de caracterización, es posiblemente lo más llamativo (en todos los sentidos) de la película. La estética se mantiene fría y aséptica gracias a una fotografía de influencia nórdica, en la línea ya iniciada con las películas suecas, y el ambiente se industrializa gracias a la música que aporta Reznor.
Qué hubiera dicho mi madre: me niego. Me gustaron tanto los libros que cualquier película que se haga sobre ellos me va a decepcionar. Eso sí, la Salander está bastante lograda aunque no me la imaginaba así… en fin, los riesgos de adaptar libros que han sido tan leídos.
Puntuación: 6,5 / 10

Dawn of the dead (2004) – Zach Snyder

Qué me tragué: Amanecer de los muertos (2004) de Zach Snyder. Remake del clásico del mismo título (que fue traducida en España como Zombi y que era la secuela de la celebérrima Night of the living dead) dirigido en 1978 por George A. Romero. Tras el estallido de una plaga que convierte a las personas en muertos vivientes ávidos de carne humana, algunos supervivientes de Wisconsin deciden ponerse a salvo en un centro comercial y esperar la evolución de la enfermedad o que alguien les rescate. Allí deberán no sólo defenderse de la amenaza zombi, sino también aprender a convivir con otros desconocidos que miran por su propio interés.

Porqué: porque el clásico de Romero es uno de los grandes hits de mi vida y porque el género zombi es uno de mis favoritos, pese a que se haya puesto tan de moda que se descalifica solo. Porque la Sexta, en un acierto inesperado, la programó para la noche de Año Nuevo.

Qué tal digestión hice: normalona, como un menú del día en un restaurante de barrio. Dejando al margen el filme original de Romero, ésta es una película de zombies moderna que, paradójicamente, es ya clásica. Como ya se introdujera en 28 días después (piedra de toque del género y punto de reinicio), los zombies corren que se las pelan y, aunque siguen siendo bastante elementales, se dan bastante maña para conseguir los que quieren (cerebros, cerebros, cerebros). Los protagonistas (los que se supone que no están muertos, aunque se distingan poco de los no muertos, la verdad) quedan simplones y poco definidos. Aunque los conflictos que se plantean entre ellos son interesantes, no se resuelven de una manera inteligente ni se les saca partido. El hecho de tener un grupo de desconocidos encerrados en un centro comercial con una plaga zombi cercándolo debería haber dado más de sí y, sin embargo, estamos todos el rato deseando que haya sangre, slasher y vísceras, porque así al menos se nos pasará el tiempo más deprisa. A Sarah Polley, quizá sea por culpa de la Coixet, no hay quien se la crea de heroína. Me quedo con la escena del parto porque es una de las pocas cosas que no había visto todavía y de lo poco realmente original que hay en todo el metraje. Tiene algunos puntos graciosos y violencia extrema, dos cosas que encuentro entretenidas. No pasará a la historia del cine, ni siquiera en un género como al que pertenece, pero vale para pasar el rato. Ojo: no quitéis la película antes de terminar con los créditos finales u os perderéis el desenlace. Como la vi en televisión, agradezco a los programadores de la Sexta que no me dejaran a medias.

Qué hubiera dicho mi madre: si ambientan esta película en nuestros días, ¿cómo es que los protagonistas no han visto ni una sola de zombies para saber lo que está pasando o lo que tienen que hacer? ¿por qué siguen siendo tan tontos y mueren de la manera más ridícila? Vale que hay una plaga, pero si le muerden a tu colega, a tu padre o a tu novio ya sabes que tienes que pegarle un tiro o se te merienda. No me gusta que me tomen el pelo.

Puntuación: 5.5 / 10

 

Men in black (1997) – Barry Sonnenfeld

Qué me tragué: Hombres de negro (1997) de Barry Sonnenfeld. Durante años, los alienígenas han vivido en la Tierra, camuflados, conviviendo pacíficamente con los humanos. Sólo sabe de este hecho la organización Hombres de Negro, quienes se encargan de evitar conflictos y regular la “inmigración” de estos seres. En la película vemos cómo dos de estos agentes, uno recién incorporado y otro ya veterano, estarán encargados de salvar a la Humanidad de un terrorista del espacio exterior que viene decidido a alterar el equilibrio.

Porqué: porque la parrilla televisiva es así de caprichosa.

Qué tal digestión hice: entretenida, sin más pretensiones. Situando este filme en su contexto “histórico”, hemos de ser conscientes de que constituyó una vuelta al género más risible de la ciencia ficción. Aquí los alienígenas aparecen en diversas formas y colores como cohabitantes de nuestro planeta, junto a los humanos, en una armonía relativa orquestada y organizada por los Hombres de Negro, una suerte de policías con conocimientos intergalácticos y nombres abreviados. Para que la población terrestre no quede traumada para siempre por las repetidas amenazas de extraterrestres cabreados (y para evitar la xenofobia, supongo), estos agentes del orden “flashean” a todo aquel que se involucre en un altercado y borran sus recuerdos. El rol de novato gracioso, chuleta pero con buen fondo corre a cargo de Will Smith, un poco cargante pero solvente (su experiencia le avala – Wild, wild west; Independence day). El serio y amargado policía veterano que sólo piensa en la jubilación es Tommy Lee Jones, que hace poco más que aportar un gesto ceñudo y malhumorado. Quedan como héroes complementarios, planos y fáciles de digerir, como está mandado en cualquier película de acción que se precie. Eso sí, son capaces de mantener los diferentes momentos de clímax y salpicarlos de carcajadas con mayor o menor fortuna. Los efectos especiales destacan sin hacer quedar el filme como una cutrez y sin acaparar demasiada atención, aunque rozan el peligroso límite de lo kitsch en más de una ocasión. Un mecanismo engrasado que funciona como entretenimiento para toda la familia, trepidante y que saca una sonrisa. Lástima que esto vaya a perpetuarse con una segunda entrega, que fue un calco de ésta que hoy nos ocupa, y con una tercera que no parece que vaya a aportar nada innovador. Para mayo lo veremos.

Qué hubiera dicho mi madre: pues a mí estas pelis me gustan, ya lo sabes. Son graciosas, hay golpes, marcianos, no te hacen pensar en lo triste que es la vida real y además acaban bien.Sé que no es muy profunda, pero mira, si quiero penas, ya pondré el telediario.

Puntuación: 6 / 10

 

Acción Mutante (1993) – Álex de la Iglesia

Qué me tragué: Acción Mutante (1993), ópera prima del ya consagrado y elevado a los altares Álex de la Iglesia. Ambientada en Bilbao, en un hipotético y distópico año 2012, el comando Acción Mutante, integrado por toda clase de discapacitados, tarados y feos en general, perpetra atentados contra lo que consideran gente guapa y privilegiada. Cuando su líder, Ramón, sale de la cárcel, preparan el gran golpe que consistirá en raptar, en el día de su boda, a una rica y guapa heredera y cobrar el rescate. Pero las circunstancias derivarán hacia un baño de sangre que les pondrá rumbo al planeta Asturias donde los mineros locos no se lo van a poner nada fácil.

Porqué: porque el homenaje, dado el año que acabamos de inaugurar, estaba claro que había de hacerse en Año Nuevo y porque nunca está demás revisitar uno de nuestros más mencionados clásicos recientes.

Qué tal digestión hice: descacharrante. La primera parte de la película es tan irreverente como perfecta en su funcionamiento. El planteamiento es brutal y tan políticamente incorrecto que llega a sonrojar. Los cameos de colegas que más tarde se han convertido en habituales aportan cierta nostalgia de aquellos albores de los 90 donde casi todo estaba todavía por probar en el cine español. Esta ópera prima está bien tramada y es una bomba de relojería por acumulación que explota en los minutos finales. Siendo honestos hay que reconocer que la parte central de la película flojea y se regodea demasiado en sus propios gags y su universo autocreado, pero el tono festivo y poco serio ayudan a ser condescendientes con esta panda de amiguetes que parecen haberse reunido para echarse unas risas y que, de paso, ruedan una película que no les queda del todo mal, incubando el germen de lo que sería más tarde la estupenda El día de la bestia (de la Iglesia, 1995). Destacable el himno homónimo creado ex profeso para el filme por Def con Dos y que condensa con inteligencia y mala leche las ídem de las que hace gala el director. Es, en resumen, una de esas joyas de la serie B de nuestro cine patrio, con la que nos sale ser generosos y que nos hace recordar con una sonrisa aquella época casposa.

Qué hubiera dicho mi madre: mira qué jóvenes que salen todos, hasta el Segura está ya por aquí y todo. Da una sensación de suciedad todo que da asco. Pero mira, no se cortan un pelo, eh. Qué mala baba se gastaban estos cuando tenían más pelo y menos pasta.

Puntuación: 7.5 / 10

 

Route Irish (2010) – Ken Loach

Qué me he tragado: Route Irish (2010) de Ken Loach. Tras haber ejercido como soldados en Bagdad, Fergus y Frankie, dos amigos de toda la vida, deciden volver al conflicto como contratistas privados. Durante una temporada en la que Fergus debe volver a Reino Unido, Frankie muere en extrañas circunstancias en lo que parece un atentado terrorista en la Route Irish, la carretera más peligrosa que une el aeropuerto con la zona internacional. Fergus, loco de dolor, comienza a investigar y a tomarse la justicia por su cuenta.

Porqué: porque Ken Loach suele estar detrás de grandes películas.

Qué tal digestión hice: un poco pesada. Pese a que Ken Loach (y Paul Laverti a través de él) nos trae a menudo dramones de los que le quitan a uno las ganas de vivir, en esta ocasión nos presenta una visión bastante lúcida sobre el conflicto moral de los soldados y contratistas en Bagdad en situaciones límite de supervivencia y crueldad extrema. Intuimos al comienzo la gran amistad entre los protagonistas (el fallecido y su vengador) y la historia se construye con lentitud hasta completarse casi al final. Los personajes quedan un poco desdibujados, unívocos en sus intenciones y afectos, y el reflejo del conflicto bélico se rebaja a un plano casi anecdótico, nada original. Y un final del que, para espoilear al personal, sólo diré que se ve venir desde el minuto 1 y tiene apenas nada de giro sorprendente de guión. Por todo esto, si nos lleváramos esta película a una isla desierta en la que no hubiera referencias cinematográficas, no estaría mal. Pero, por desgracia, el bagaje de cine de este género es amplio y tenemos ejemplos en filmes recientes mucho más intensos, profundos y dramáticos como The hurt locker, sin irnos muy lejos y sin desviarnos de conflicto. Algo más de dos horas para las que hay que tener ganas y buenas intenciones.

Qué hubiera dicho mi madre: la verdad es que me canso de tanto ver películas de estas en las una no sabe bien dónde posicionarse. Ya sé que hay mucha gente que lo pasa mal por el mundo y todo eso, pero es que es más de lo mismo y mira que ya no tengo claro qué es lo quieren que pensemos o si es que sólo quieren fastidiarnos la tarde…

Puntuación: 6,5 / 10

Attack the block (2011) – Joe Cornish

Qué me tragué: Attack the block (2011), ópera prima de Joe Cornish. Un grupo de cinco adolescentes conflictivos en un barrio marginal de Londres asaltan a una mujer que regresa a su hogar. En ese momento, cae junto a ellos un extraño meteorito que resulta ser un alienígena. El cabecilla es herido por este ser y la pandilla se venga exterminándolo a palos. Acto seguido, se verán inmersos en una invasión extraterrestre en toda regla y deciden tomarse la justicia por su mano cuándo su bloque de pisos es atacado.

Porqué: porque había leído algunas críticas positivas sobre el filme.

Qué tal digestión hice: entretenida y ligera. Estos poqueros agresivos (pero de buen fondo, eso sí, que son además muy graciosos) de marcado acento cockney son el reverso tenebroso de los modélicos angelitos de Super 8. Aquí no hay oportunidades para que los aliens demuestren si vienen o no en son de paz, si tienen sentimientos o si pretenden darnos alguna lección moral y los héroes son poco más o menos unos desgraciados que se divierten torturando al animalejo de otra galaxia sólo porque se ha tropezado en su camino; simpatizas con ellos por su extracción social pero, digamos, no son dignos de admiración por su comportamientos. Es curioso cómo se muestra a los extraterrestres, con esos dientes de neón y de cuerpo totalmente negro, evitando dirigir la atención hacia ellos o hacia los efectos especiales que se hubieran podido invertir en su creación. Esto permite fijarse en las conversaciones de los críos, su evolución frente al conflicto y su manera de adoctrinar y proteger a los que ellos consideran más débiles. Se agradece que, para variar, una película de invasión alienígena no muestre presidentes americanos que se quitan la gabardina para proteger (ergo salvar) a la Humanidad ni héroes de a pie venidos a más que se redimen gracias a la lucha encarnizada. En fin, un pasatiempo amable, menos revolucionario de lo que induce a pensar pero entretenida en su sencillez.

Qué hubiera dicho a mi madre: aquí de los adultos normales (con la salvedad de la enfermera) brillan por su ausencia, porque esos chiquillos están desmadrados (y nunca mejor dicho!) de lo lindo… no está mal, pero explícame a ver porqué siempre hay uno en la pandilla que se pirra por los cohetes y fuegos artificiales? Qué útil, no?

Puntuación: 6,5 / 10

In time (2011) – Andrew Niccol

Qué me tragué: In time (2011) de Andrew Niccol. Will Salas vive en un futuro no muy lejano en el que la moneda de cambio es el tiempo. Los humanos han sido programados genéticamente para incorporar un reloj en su antebrazo que se activará a los 25 años de vida concediendo sólo un año más de existencia “gratuita”. Para alargar ese año y pagar las facturas de su día a día, las personas trabajarán a cambio de tiempo o se beneficiarán, en el caso de los más afortunados, de las riquezas familiares que ya no se miden en dólares u oro, sino años, meses y días. Will tendrá la enorme suerte de encontrarse con Henry, quien posee una fortuna de tiempo pero desea morir y le transfiere más de un siglo. Podrá así trasladarse del gueto en el que malvive a un lugar mejor donde los acaudalados no necesitan ir corriendo a todas partes para ahorrar minutos de vida.

Porqué: porque me llamó la atención la historia narrada y me pareció original; además tenía ganas de ver un hit palomitero y éste es uno de los interesantes.

Qué tal digestión hice: inesperadamente buena. Pese a que la película, en su última media hora, deriva hacia los lugares más comunes del género de acción, esta curiosa distopía en la que el tiempo es la verdadera moneda de cambio se hace muy agradable de ver, es interesante en su planteamiento y amena hasta los créditos finales. Timberlake encarna a Will Salas, un protagonista carismático, confrontado a Cillian Murphy (desaparecido últimamente de las órbitas más comerciales) que se convierte en el nuevo agente Smith como perseguidor incansable del héroe. Amanda Seygfried se limita a su puesto como mujer florero de tacones imposibles (ya podrían haberle calzado unas deportivas a la muchacha para que nos creyésemos sus carreras arriba y abajo, pero bueno) colaborando en que el filme pase de ser un cuento de ciencia ficción a una versión remasterizada de Bonnie & Clyde con tintes robin hooodianos (valga el término). Bien contada, con diversos momentos del clímax que mantienen el foco de la atención y una estética terriblemente atractiva, In time es uno de esos entretenimientos de perfil medio que valen el precio de la entrada, aunque no vaya a pasar a la historia del cine.

Qué hubiera dicho mi madre: (comentario extraído de una conversación real) Vete a ver ésta que te va a gustar, está muy entretenida y no es nada ñona. Y no le han dado mucho bombo, eh. Ya verás qué guapos y bien vestidos salen todos en esa peli. Eso sí, si la protagonista no se ha roto un tobillo durante el rodaje, ha debido ser de milagro!

Puntuación: 6 / 10

 

Drive (2011) – Nicolas Winding Refn

Qué me tragué: Drive (2011) de Nicolas Winding Refn. Cuenta la historia de un piloto especialista de cine (Gosling) que se enamora de su vecina (Mulligan). Los problemas surgen con la aparición del turbio marido de ella, una deuda pendiente y el mafioso (Perlman) para el que el protagonista va a disputar una carrera.

Porqué: porque en esta lejana galaxia se acaba de estrenar (en España el 28 de diciembre) y quería ver si el danés era tan bueno como para ganar Cannes.

Qué tal digestión hice: buena. Vicente Luis Mora rememoraba al mejor De Palma con esta película. No estoy de acuerdo. Dado el estilo propio del director, criticable según gustos, podría decirse que el resultado de este thriller de robos y amores imposibles es una especie de Wong Kar Wai imitando Taxi Driver (Scorsese, 1975). Se entiende que tanta renovación en las formas, tanto juego de luces y aprovechamiento de la BSO (magistral Kavinsky, Desire), hayan hecho que Winding Refn ganase este año Cannes a mejor director. Antes de esto ya se mostró como una especie de nuevo Guy Ritchie con Bronson y Valhalla Rising. Los actores bien, en especial ella, Carey Mulligan. Gosling, por el contrario, es un actor de pocos registros y aquí no tiene ni que abrir la boca.  Y el guión es sencillo pero bueno. En ningún momento te preguntas por los motivos del personaje principal ni por su amor, de ahí el poso a cine clásico. Lo aceptas con claridad meridiana, como en el buen cine negro. En una entrevista, Winding Refn decía que su verdadera influencia al hacer esta película fue Pretty woman (Marshall, 1990). Más adelante, ante las críticas, el danés se defendía diciendo “soy el mejor director del mundo haciendo las películas que hago”. Parece que ha nacido una nueva estrella.

Qué hubiera dicho mi madre: me ha gustado. En general. La música me recuerda cuando tú naciste, que yo todavía salía por ahí con tu padre… Bueno, que es algo lenta, no sé… Apenas hablan…

Puntuación: 8 / 10