Hugo (2011) – Martin Scorsese

Qué me tragué: La invención de Hugo (2011), película de animación dirigida por Martin Scorsese. Hugo, tras quedarse huérfano, se traslada a vivir a la estación de trenes con su tío quien se encarga del mantenimiento de los relojes, donde ha de esconderse del malvador inspector de la estación. Hugo, cuyo padre también era relojero y ha aprendido el oficio, se verá impelido por las circunstancias a buscarse la vida hasta que un día topa con el dueño de una tienda de juguetes y las conexiones entre su padre, este misterioso anciano y él se convertirán en una aventura que vivirá junto a la muchacha que han acogido el juguetero y su mujer.

Qué tal digestión hice: amable. Es digna de loores y alabanzas la maestría técnica y la superlativa muestra de tecnología punta que se derrocha en esta película 3D a caballo entre la animación y la película convencional (como ya se hiciera, por ejemplo, con la última Alicia dirigida por Tim Burton). La historia, que se basa en un libro juvenil de título homónimo, es políticamente correcta, tiene las adecuadas cargas dramáticas para mantener la tensión y se resuelve felizmente como es de esperar desde el primer minuto. Sin embargo, lo que más me emocionó de la película es el homenaje que constituye a los comienzos del cine, a los verdaderos precusores casi científicos de lo que suponía un trabajo de chinos si hablamos de innovación: recupera fotogramas de cientos de películas perdidas de Mèlies, aquellas cuyos negativos se coloreaban a mano, fotograma a fotograma, para dotar de viveza; trae al presente aquella primera película de los Lumiére, el tren entrando en la estación, y es capaz de recrear la emoción que suscitó tamaña recreación en una sala cerrada; muestra decorados, atrezzos y vestuarios que debían confeccionarse a mano laboriosamente para conseguir el efecto deseado (exotismo, credibilidad histórica, ciencia-ficción, etc). Los actores adolescentes no son especialmente llamativos (Chloé Moretz no es santo de mi devoción y al otro no le he visto en ninguna otro filme) pero Kingsley firma un buen trabajo y Baron Cohen, fuera de su habitual disfraz y haciendo de malvado de cuento, nos regala todo un muestrario de muecas y gestos que le pueden colocar como un nuevo Carrey con más registros. Puede que no sea una película de las que uno esperaría encontrarse en la filmografía de alguien como Scorsese que ha estado detrás de obras como Casino, Historias de Nueva York, El cabo del miedo o Uno de los nuestros, pero Hugo está a la altura de unas circunstancias concretas y las supera con creces.

Qué hubiera dicho mi madre: pues está muy bonita. Parece una película de esas que estrenan en Navidad pero fuera de temporada. Ya cuando el nene se queda huérfano y se tiene que ir con su tío el borracho, sabes que le van a pasar muchas perrerías pero que la cosa saldrá bien. A ver, no me ha sorprendido mucho pero es muy linda y está muy bien hecha, se nota que esto de los ordenadores está mejorando mucho la calidad de la imagen porque se ve como muy nítida, ¿no? Y mira, me hace gracia el supervisor de la estación, cualquiera diría que es el papanatas que me sacaba de quicio en Borat.

Puntuación: 7,5 / 10

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Arrugas (2011) – Ignacio Ferreras

Qué me tragué: Arrugas (2011) de Ignacio Ferreras, largometraje de animación que adapta el cómic homónimo de Paco Roca. Emilio es un anciano al que sus familiares, ante los primeros síntomas de Alzheimer, ingresan en un residencia donde comparte habitación con Miguel, un argentino un poco jeta, que se convierte en su cicerone y le presentará a otros compañeros con diversas situaciones vitales. El día a día de los ancianos y sus relaciones serán el eje central de la película mientras la salud de Emilio va deteriorándose poco a poco.

Qué tal digestión hice: intensa. La animación 2D bastante sencilla y plana simplifica una carga dramática que podría convertirse en insufrible. La forma de tratar una historia tremenda como ésta queda desprovista de melodrama pero sí lleva encima una emoción honda que la convierte en intensa y compleja. Sin regodearse en chistes vulgares ni mostrar lo escatológico de la vejez y la enfermedad, queda perfectamente patente que, quien ha escrito la historia, ha estado en contacto directo con las mismas y ha sabido captar los matices y detalles que la hacen desmarcarse de cualquier otro filme lacrimógeno o que trate de enmascarar un final que tiene que ser, por narices, desagradable. La evolución de los personajes es convincente y se provoca la empatía en el respetable, tanto en el que se quiere quedar en el nivel anecdóctico de la película como en el que trasciende un poco más allá y se deja permear por ella. Es breve pero la mencionada intensidad de la temática la convierte en una extensión justa y la música es muy discreta. Quizá es llamativa la canción de los créditos finales, en la voz de una usuaria de una residencia que cuenta con 102 años de edad.

Qué hubiera dicho mi madre: es una lástima que el único lugar al que se abocado un anciano a recluirse para “no molestar” sea una residencia. Ya no se hace tanto como antes lo de cuidar a los abuelos en casa… supongo que los tiempos cambian, pero verlos ahí, conscientes de ser trastos inservibles y esperando solamente a que les llegue el momento… qué penita.

Puntuación: 8 / 10

 

The terrible thing from Alpha9 (2009) – Jake Armstrong

Qué me tragué: La cosa terrible de Alpha9 (2009), cortometraje de animación de Jake Armstrong sobre un cazarrecompensas espacial que acude a Alpha9, un planeta inhóspito, para dar caza a una bestia terrible.

Porqué: porque lo programaron en el interludio entre películas que estaba viendo en el canal alternativo de Canal+ (Canal Xtra).

Qué tal digestión hice: obviamente, breve pero gustosa, como un aperitivo delicioso o un pedacito de entremés. Dibujada con un estilo feísta y sencillo, ésta es una pieza desprovista de todo aderezo (no hay diálogos ni música). Así, no queda más remedio que fija toda la atención en la reflexión de que no todo es lo que parece y que, sobre todo, uno debería tener en consideración los usos y costumbres de los lugares que se visitan en vez de juzgarlos precipitadamente con el propio rasero, que puede no ser el más adecuado. Graciosa y nada dañina, que ya es decir.

Qué hubiera dicho mi madre: qué manera más desagradable de dibujar. Sin embargo, mira tú que la cosa terrible me cae bien. Pobrecito, ahí solito en Alpha9…

Puntuación: 6,5 / 10

 

I’m here (2010) – Spike Jonze

Qué me tragué: I’m here (2010), de Spike Jonze. Mediometraje de 27 minutos, producido por Aboslut vodka pero sin product placement, en el que un robot metódico y entregado al devenir aburrido de su día a día se enamora de una robot de espíritu libre e independiente y comienzan una relación de mucha entrega.

Porqué: porque no era mucho el tiempo, está disponible vía Youtube y no había visto esta película de Jonze.

Qué tal digestión hice: asombrosa. La historia es conmovedora y honda en su simplicidad. Un robot que vive solo en un mundo tal que el nuestro, donde todo nos hace sentirnos desubicados y aislados, conoce rutinariamente a una creativa y soñadora robot, de la que se enamora. Sin apenas palabras, sólo con un detallado trabajo facial hecho por ordenador, los robots demuestran una sutilidad en sus gestos asombrosa y consiguen transmitir unos sentimientos tan básicos con los que es imposible no identificarse. Piensen aquí en versiones de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Gondry, 2004) hechas con piezas de Lego o con restos de antiguas CPUs. La cadencia, el ritmo en el que se configura la historia de amor, el cómo va creciendo la entrega, son muy sencillos y hermosos. Y el desenlace es desolador (porque Jonze no aporta matices al personaje de ella que puedan desvirtuar el amor que él le profesa) en un sentido clásico, lo que se agradece en estos tiempos de impostura y fachada.

Qué hubiera dicho mi madre: qué bonita historia. Es como un cuento pero triste y bonito a la vez… Hubiera llorado si fueran personas. Deberían ver este tipo de cosas los críos de 10 y 12 años de ahora, y no esa mierda de superhéroes.

Puntuación: 8 / 10

 

Rise of the planet of the apes (2011) – Rupert Wyatt

Qué me tragué: El origen del planeta de los simios (2011) de Ruper Wyatt. Agotadas las posibilidades de secuelas y remakes, nos traen esta vez una precuela para que veamos cómo y porqué la tierra se convirtió en el planeta de los simios. Will es un joven científico que investiga una cura contra el alzheimer para tratar de salvar también a su padre, aquejado de dicha enfermedad. Se hace cargo de César, hijo de una espécimen inoculada con el supuesto remedio, que es un simio que empieza a dar claras señales de una inteligencia superior a la media. Todo se torcerá cuando César origina un conflicto con los vecinos y se le interna en un centro especializado para simios.

Porqué: insisto, porque las opciones para ir al cine en verano son pocas y poco variadas.

Qué tal digestión hice: la esperada. Para empezar, ya tenemos que tragarnos al omnipresente James Franco al que la bata le sienta como a un cristo dos pistolas, o sea mal. Para continuar, como buena superproducción de hollywood, tenemos que creernos que el hecho de que la mujer florero de la película (Freida Pinto) sea veterinaria sea significativo pese a que su papel sea poco más que figuración. Para terminar, nos hacen comulgar con ruedas de molino cuando pretenden que nos creamos que los simios son un ejército al salir del centro de internamiento cuando no parecía haber más de una cincuentena. Obviando los recursos facilones habituales de los filmes de acción como este, queda una película que está un poquito por encima de la media planteando (vagamente) ciertas líneas argumentales interesantes: la exterminación de la raza humana por su propia ambición, el maltrato animal en la investigación clínica, la posibilidad de que los animales de compañía puedan ser seres inteligentes y sensibles (ya sé que esto es lo que muchos dueños ya creen, pero yo no lo tengo tan claro, qué le voy a hacer), ecologismo, etc. La pena es que dichas líneas se diluyan en la batalla final, que, por otra parte, no tiene desperdicio. Ah! Y desde aquí abogamos por el óscar a Andy Serkis por interpretar a César, aunque sea con el trajecito de animación, olé!

Qué hubiera dicho mi madre: están entretenidos estos monetes. Mira, esta película me ha gustado mucho más que las últimas que me has puesto. Tiene un argumento interesante, malos, buenos, peleas… Ves? si es muy fácil llegar al espectador medio!

Puntuación: 6 / 10

 

Pixels (2010) – Patrick Jean

Qué me tragué: Pixels (2010) de Patrick Jean. Nueva York se ve invadida en este cortometraje por toda una serie de videojuegos de los ochenta que convierten lo que tocan en la unidad mínima de imagen, el píxel.

Por qué: por casualidad.

Qué tal digestión hice: nostálgica. Este cortometraje de tres minutos nos devuelve los primeros videojuegos de Atari u Ocenic como Space Invaders, PacMan, el primer Donkey Kong, Arkanoid, Froggy, Tetris,… Convirtiéndolo todo a su paso en los nombrados cuadrados de colores, la maestría del director y su pasión por lo tecnológicamente retro en este momento de 3Ds y 4Ds son sencillamente entrañables. Original y fresco en su mirada al pasado, ideal como entremés.

Qué hubiera dicho mi madre: me recuerda a vuestros primeros videojuegos, esos a los que jugábamos todos. Y es que no me gustan los cortos de películas, pero estos de animación me chiflan.

Puntuación: 7 / 10

 

Mary and Max (2009) – Adam Elliot

 

Qué me tragué: Mary and Max (2009), el primer largometraje de animación en plastilina del director Adam Elliot. Mary es una niña que vive en un ambiente poco amable de los suburbios de Melbourne y Max es un judío, obeso y cuarentón que sufre síndrome de Asperger (una variedad de autismo) y vive solo en Nueva York. La casualidad querrá que se conviertan en amigos epistolares y establecerán una larga relación que se consolidará a través de los años y las diferencias que parecen separarles.

Por qué: porque había oído algunos buenos comentarios al respecto y la encontré casualmente empezando en el momento adecuado.

Qué tal digestión hice: delicada. Esta es una de esas películas de animación que nunca dejaríamos ver a un niño. No sólo por lo deprimente que pueda parecer a priori sino porque requiere de una audiencia con cierto espíritu crítico. Removería hasta las entrañas del más pintado esta historia de patitos feos y desgraciados que se consuelan mutuamente en sus terribles avatares del destino intentando sacar una sonrisa en medio del desolador gris que parece invadir todos los aspectos de la vida de los protagonistas. Con el tiempo, el poso de inquietud que dejan los escasos 88 minutos revela una tremenda sensibilidad para reflejar con gran delicadeza la fragilidad de dos seres que podrían ser tristes y que, sin embargo, encuentran destellos de felicidad con la que colorear sus existencias en cosas que para tantos de nosotros pasan desapercibidas todos los días. Como he leído por ahí, no es sólo recomendable sino también insoslayable.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿no lo ves? Dios los cría y ellos solos se juntan. Aunque los pongas cada uno en una punta del mundo.

Puntuación: 8 / 10

 

 

 

Toy Story 3 (2010) – Lee Unkrich

Qué me tragué: Toy story 3 (2010) de Lee Unkrich. Los juguetes más carismáticos que ya aparecían en las dos anteriores películas de la saga llegan en esta película a un punto de inflexión ya que su dueño se marcha a la universidad.

Porqué: porque los estrenos veraniegos de la Pixar son siempre el gran acontecimiento y no defraudan.

Qué tal digestión hice: amable. Aunque no llega a las cotas que fijaron otras pequeñas obras maestras como Wall-E o Up, Toy Story 3 es un perfecto broche final a una saga muy entretenida y con un fondo mayor del que se le presupone. Por supuesto, ni mencionaremos las excelencias técnicas ya que saltan a la vista pero sí las numerosas referencias cinéfilas o lo bien tramado que está el conflicto para mantenernos durante todo el metraje con la atención donde debe estar: en la pantalla. Curioso además el “Hay un amigo en mí” del final a cargo de los Gipsy Kings.

Qué hubiera dicho mi madre: son tan monos los juguetitos estos. Lo gracioso es que nadie se dé cuenta de que se mueven si nunca están en su sitio…

Puntuación: 8/10

The fantastic Mr. Fox (2009) – Wes Anderson

Qué me tragué: Fantástico Sr. Fox (2009) de Wes Anderson. Fox es un zorro que ha rebajado sus instintos primarios para mantener a su familia dentro de una calmada rutina. Hasta que se cambian de casa a un lugar más visible y decide dar el golpe final a los tres granjeros de la zona. Estos tres granjeros, sanguinarios y tontorrones, hartos de ser espoliados por un zorro, deciden tomar medidas para evitar los robos.

Porqué: porque de Wes Anderson me he tragado una decente cantidad de sus películas (con resultado irregular) y porque me parecía que debía ser graciosa.

Qué tal digestión hice: estupenda, como de plato favorito tomado por sorpresa. Se nota que es una película realizada con el mimo con el que se retoma un viejo cuento como el de Roalh Dalh en el que se basa esta historia. Tiene regusto a teatro antiguo de marionetas y a cosa hecha en casa. Claro que con un Swartzman encargado no sólo de la voz del pequeño y envidiosillo Ash, sino también de la banda sonora, media parte del camino ya está hecha. Es muy graciosa, arranca carcajadas en ciertos momentos y va dirigida a ese público incierto de niños veinte y treintañeros crecidos que se divierten con las gamberradas de pantalla. Accesible y divertida, que para un Wes Anderson ya es mucho decir.

Qué hubiera dichomi madre: son muy salaos los bichos hechos pero hablan un poco raro, qué finos son!

Puntuación: 8/10

Daniel’s journey (2009) – Luis Zamora

Qué me tragué: Daniel’s journey (2009) de Luis Zamora. Este cortometraje de animación de 14 minutos nos muestra cómo Daniel, tras marcharse su hermana y su madre, culpa a su padre ya que está completamente seguro de haber visto lo ocurrido a través de un agujero en la pared.

Porqué: de manera fortuita en televisión.

Qué tal digestión hice: desasosegante. Este cortometraje tiene toda la carga dramática necesaria para clavarse en la boca del estómago. Los sencillos dibujos utilizados y la máscara de color dan un toque de dramatismo a una historia ambientada en un lugar que ya parece por sí mismo aislado y triste. Aquí la incomunicación es el hilo conductor y, a través de una serie de círculos concéntricos que se amplían, somos capaces de ver la historia al completo. Recomendable; no es de extrañar que haya cosechado un gran número de premios en diversos festivales.

Qué hubiera dicho mi madre: ¿Y si está del otro lado de la pared, por qué va donde él y le pregunta directamente? Qué ganas tenemos a veces de enredar…

Puntuación: 8/10