Katmandú, un espejo en el cielo (2011) – Icíar Bollaín

Qué me tragué: Katmandú, un espejo en el cielo (2011) de la directora española Icíar Bollaín. Laia (interpretada por Verónica Echégui, quien ha sido nominada al Goya por este trabajo) es una profesora española que se traslada a Nepal para dar clase en una escuela allí. Pronto se dará cuenta de que los niños de las castas más pobres no tienen acceso a la educación y decide abrir su propia escuela, con la ayuda de Sharmila, una joven maestra nativa que debe lidiar con las costumbres y tradiciones de su propia cultura. Se enfrentará también a diversos problemas burocráticos que la llevarán a casarse por conveniencia.

Porqué: gracias a la distribuidora.

Qué tal digestión hice: indignante. He debido reposar mi opinión al respecto de esta película porque no quería llevar a engaño a quien la pudiera leer. Sin embargo, tras darle muchas vueltas, sigo sintiéndome estafada por la historia. Basada libremente en el libro autobiográfico de Victoria Subirana, la directora y su marido (el inefable Laverty que también está tras los lacrimógenos dramas sociales de Ken Loach) urden un guión constelado de lugares comunes, tópicos y recursos demagógicos disfrazados de ideales que irritan al espectador que tiene la capacidad de razonar. Le entregan a la Echegui un papel de esos que las actrices adoran porque están cargados de tensión dramática y lágrimas pero que no tiene profundidad, credibilidad o la más mínima empatía cultural. Para empezar, uno se pregunta porqué la profesora que se desplaza a Katmandú a enseñar, no se toma la molestia no ya de aprender el idioma (cosa que sería de agradecer pero que supongo que no es obligatorio y sí muy trabajoso, claro), sino de comprender (y respetar!) las tradiciones locales en vez de ridiculizarlas y demonizarlas porque no comulgan con el espíritu occidental del que no se desprende en todos los años que pasa en Nepal.  Para continuar, la historia tiene agujeros que cuesta pasar por alto: ¿quién es y por qué desaparece el hombre que vive con la protagonista al comienzo de la historia? ¿por qué Tsering se convierte en un fantasma sin diálogo para salir atropelladamente del filme minutos antes del final?. Para terminar,  se espera alguna conclusión, cosa que, ya les adelanto, no sucede. Eso le  deja a uno con una sensación de no finalización terriblemente incómoda. Me pregunto porqué, después de haber colado sin pudor numerosos juicios éticos y morales durante todo el metraje, dejan la historia así, un tanto huérfana, como si, de buenas a primeras, se hubieran aburrido y hubieran preferido no seguir.

Qué hubiera dicho mi madre: bah, ésta es otra de tantas. Estas feministas de salón se piensan que hay que irse muy lejos a buscar su lugar en el mundo rodeada de niños que no hablan tu idioma con la excusa de enseñarles… pero, vamos, digo yo que no hace falta mudarse a Katmandú para encontrar gente con necesidades. Y menos en los tiempos que corren.

Puntuación: 4 / 10

 

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