Letyat zhuravli (The Cranes are Flying) (1957) – Mikhail Kalatozov

Qué me he tragado: Cuando pasan las cigüeñas (1957) de Mikhail Kalatozov. Historia de una pareja, Boris y Verónica, que antes de comenzar a serlo ve cómo la guerra se interpone en sus planes. La película se centra en el drama de la muchacha y su convivencia con la familia de él.

Porqué: porque tenía que ver  más de Kalatozov y la compré por Amazon de oferta ya que era difícil de localizar por otras vías.

Qué tal digestión hice: holística (por decir algo diferente). Cuando Kalatozov comenzó con sus filmes propagandísticos se podía atisbar a un director de régimen, provinciano (Georgia), en medio de un caos de deportaciones masivas. Estamos hablando de 1930 y de su obra Sal para Svanetia, un filme análogo a lo que ya hiciera Buñuel en las Hurdes 3 años después, y muy recomendable (buscar en Youtube). De ahí, poco a poco, surgiría un creador metido en política y con una ambivalencia moral digna de película: ser parte del estalinismo y llegar a estar por encima de él. En los 50 adquiere estatus de estrella y ya dentro de Mosfilm rodaría esta obra maestra seña de identidad soviética de un nuevo modo de hacer cine. Junto a su cámara, Urusevski, comienza a trabajar el formalismo visual y de eso salen planos grandiosos y travellings imposibles. Y ello, unido al hecho de afrontar la historia de la guerra centrándose en el drama personal y no en el propaganda fide de la dictadura, convierten a esta, en principio, reaccionaria cinta, en un artefacto de muchas caras. Todo se perfila pero nada se dibuja: desde la elipsis del protagonista que desaparece al irse a la guerra, la obcecación y maldad del hermano, la muerte de las esperanzas de la chica, hasta la adaptación y la culpa implícita. Quizá en todo ello juegue un papel fundamental la muchacha (Tatyana Samojlova), que lo borda con una interpretación indescriptible. Con todo, Kalatozov ganaría Cannes al año siguiente y sería encumbrado para los restos, pudiendo ya entonces tener el poder necesario para la gestión de esa monstruosa obra maestra llamada Soy Cuba, un par de años después.

Qué hubiera dicho mi madre: me quedo sin palabras. Vaya final. Me gustó, sí… Lo único, si tengo que ponerle un pero es que a veces es muy, no sé, artificial, muy teatral. No sé si es por cómo enfoca a veces la cámara o por las caras y las reacciones de los actores. Pero vamos, que es preciosa de ver.

Puntuación: 9 / 10

 

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