La piel que habito (2011) – Pedro Almodóvar

Qué me tragué: La piel que habito (2011) del director manchego Pedro Almodóvar. El Dr. Robert Ledgard es un eminente cirujano plástico, algo turbio y sin muchos escrúpulos, que investiga sin tregua la posibilidad de la transgénesis, esto es, añadir genes de otras especies al ADN humano para así conseguir una piel humana más resistente pero igualmente sensible. Este adelanto científico hubiera salvado a la mujer del doctor de morir calcinada años atrás pero hay que traspasar una barrera ética y legal, cosa que hará en secreto, cuando su única hija también muera en trágicas circunstancias.

Por qué: porque soy terriblemente fan de este director desde la primera época, aquella de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y he asistido con enorme placer a la maduración y mutación de sus películas, que todavía conservan unos rasgos comunes.

Qué tal digestión hice: epatante. Tras haber leído muchas críticas solemnes en las que trataban a esta película de soberana estupidez, me senté tímidamente en la silla del cine, esperando que las dos siguientes horas no fueran muy decepcionantes. Nada más lejos de la realidad. He visto un filme enrevesado, complejo, con unos personajes muy bien tramados y que responden perfectamente a las evoluciones del guión, dotado de la estética entre moderna y cutre que tanto aprecio en Almodóvar y tocado por algunos detalles ridículos que obviamente sobraban pero que no desmerecen el conjunto final. Todos estaremos de acuerdo en que el hermanastro brasileño está de más y provoca las risas ahogadas del respetable. Más allá de eso, lo demás queda perfectamente encajado en un thriller dramático sobre la pérdida de la identidad, la venganza y el amor más allá de la muerte. Una película con aristas con la salsa perfecta que supone la banda sonora de Alberto Iglesias, uno de esos grandes que convierte en delicia toda partitura que pasa por sus manos. Es La piel que habito una película recomendable, sin complejos y agraciada con una tensión que no permite que el respetable se relaje en ningún momento. Me faltan líneas aquí para subrayar el trabajo de Jan Cornet (el verdadero protagonista del filme), de una Elena Anaya retocada por ordenador para ser tan perfecta como aparece y de Antonio Banderas al que yo, particularmente, no he encontrado tan falto de gesticulación como anuncian a bombo y platillo. ¡Ah! y, por favor, ustedes no se rían como niñas pequeñas cuando los dilatadores aparezcan en escena.

Qué hubiera dicho mi madre: Oh!, no me esperaba ese giro de la película… sí, hombre, ya sabes, lo del pobre chico. Pero vamos, qué peliculaza, cómo me sigue gustando Almodóvar. Te has fijado en los muebles? Este hombre no cambiará nunca.

Puntuación: 8 / 10

 

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