Bedlam (1946) – Mark Robson

Qué me tragué: Bedlam (1946) de Mark Robson. Estamos en el siglo XVIII. Una joven de la alta sociedad londinense (Anna Lee) descubre junto a su lord y “amigo” un manicomio al cual acuden los poderosos, previo pago, para contemplar a los locos y echarse unas risas. Aunque inicialmente quiere mostrarse frívola, su compasión por esas personas acabará arrastrándola, en una lucha de intereses con el “boticario” del centro, el Sr. Sims (Boris Karloff), a terminar a la fuerza dentro del lugar.

Porqué: porque no era demasiado cara en FNAC, era una buena edición, salía Boris Karloff y la temática sonaba interesante.

Qué tal digestión hice: Buena. Sin tratarse de una obra maestra ni mucho menos, se tiene una película sobria de hora y cuarto, que se deja ver magníficamente. La historia no es más que un duelo entre una joven soñadora e idealista que da rienda suelta a su compasión, y un envejecido hombre sin escrúpulos que ha hecho todo lo posible durante su vida para ganar dinero. En ése duelo, el objeto de lucha son los locos de un famoso psiquiátrico del centro de Londres (Bedlam, St Mary of Bethlehem), y es también ésa la razón de ser de la tensión del filme. Podría decirse que no hay un gran desmadre de géneros, que no se puede enfocar al suspense, al drama o al thriller (si bien sería éste el género más propicio). Lo que se tiene es un batiburrillo curioso, y muy logrado, de situaciones. Un comienzo con un muerto que huye del manicomio, situación ésta que va perdiendo fuerza a medida que la trama se centra en la lucha moral. Un desarrollo en el que simplemente el malo, más hábil aquí que la buena, va ganándose las simpatías del poderoso hasta conseguir su fin. Y un desenlace bonachón, aunque con un toque de mala uva. Por un lado la picardía oculta del cuáquero y por otro, el rollo Freaks (Browning, 1932) de “One of us! One of us!” sólo que aquí un paso más allá (los locos juzgan, sentencian justamente, padecen lo fortuito y ponen remedio). Es encomiable el trabajo de Val Lewton como productor en el que sería su último filme para la RKO pocos años antes de su muerte. Indicar además que Karloff, ya cansado de las versiones de Frankenstein, encontró en este hombre su tabla de salvación. Y añadir también para finalizar dos cosas: Boris Karloff lo hace muy bien en esta película. Tiene un papel muy físico, que desarrolla de un modo pretendidamente teatral, lo que le otorga un aire de grandilocuencia muy al estilo de la época. Y por otra parte diré que Boris Karloff se parecía un huevo a Jeremy Irons.

Qué hubiera dicho mi madre: Me ha gustao, sí. No es que sea una maravilla, pero no está mal. Ahora, que lo que no entiendo son las tontadas que dice el pánfilo ése… [¿el cuáquero, madre?]… Sí, eso, lo que sea. Por cierto, ¿qué narices es un cuáquero?

Puntuación: 7.5/10

Anuncios
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: