Ikiru (1952) – Akira Kurosawa

Qué me tragué: Vivir (1952) de Akira Kurosawa. Un hombre gris de mediana edad descubre que padece un cáncer incurable. Desde ése momento, su forma de ver la vida cambia radicalmente.

Porqué: porque vi que era una de las películas mejor valoradas del director japonés.

Qué tal digestión hice: Magnífica. La película está contada con el sabor del cine imperecedero. Es actual porque la forma con que afronta la muerte el protagonista (un magistral Takashi Shimura) es irreprochable, universal. Su cambio de humor, su transformación, son capas que el tiempo ha ido poniendo y que una radiografía en profundidad consigue pelar en cosa de dos horas de metraje. Hay secuencias memorables, llenas de humanidad y silencio. Esta película es un desgarro en el corazón y, al mismo tiempo, un dechado de esperanza. Al final, te quedas con cosas como esa reflexión del pobrecillo cuando se da cuenta de que “lleva treinta años sin contemplar una puesta de sol”. Posiblemente la mejor película social de Kurosawa.

Qué hubiera dicho mi madre: (de vacaciones)

Puntuación: 9,5/10

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