Punch-drunk love (2002) – Paul T. Anderson

Qué me tragué: Embriagado de amor, de Paul Thomas Anderson. Barry (Adam Sandler) es un estrambótico hombre con una deprimente vida familiar que, tras una inoportuna llamada telefónica, inicia una odisea que se convierte en delirante y que sólo se ve aliviada por la presencia de Lena (Emily Watson). Entre ellos, se desarrolla una historia de amor mientras que a su alrededor la realidad se distorsiona.

Porqué: Porque Paul Thomas Anderson me parece un director desigual pero ha parido otras joyas indiscutibles como Magnolia o Pozos de Ambición.

Qué tal digestión hice: Normal, la verdad. Al principio, todo parece de un surrealismo tierno que entra fácil. La música (por decir algo) es opresiva y da perfecta cuenta de cómo debe ser vivir en la cabeza del protagonista. El Harmonium que encuentran en la calle es también la metáfora ideal de cómo el amor le afina las cuerdas al sonado de Sandler, que es especialmente irritante en esta película. Tampoco es que la Watson se salga aquí (la pobre bastante tiene con parpadear las suficientes veces como para que no se le sequen sus gigantescos ojos) pero en conjunto hacen una peliculita agradable pero totalmente prescindible, curiosa pero tontorrona. Me han gustado los espectaculares planos fijos y los colores, típicos de Anderson y muy efectivos.

Qué hubiera dicho mi madre: “Qué tío loco con las natillas; ahora, eso sí, currar curra poquito. Anda que no sabe ná!”

Puntuación: 6/10

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